El lector ruso: Los que se van vs. los que se quedan

anatrrra, en Arbat, diciembre del 2024

Kirill Medvedev*, poeta, editor e integrante de la banda Arkady Kots, dejó Rusia en 2023 y retornó hacia el final del 2024. A pedido de la “Republic Weekly”, él nos explica su sinuoso andar, como luce Moscú después de una ausencia prolongada y que tienen que decir los que se quedaron acerca de los que se van.

Tras un año y medio viviendo en el extranjero por motivos personales (políticos, por supuesto), llevo ya varios meses en Moscú. A pesar de los evidentes riesgos, realmente no deseo marcharme y me aterroriza pensar en todo lo que hay que hacer cuando se vive en el exilio. Estoy dispuesto a hablar en alegorías o incluso a permanecer completamente en silencio, si es necesario, para poder vivir en mi ciudad natal. Aunque, claro, ¿qué podría ser más importante que despertarse por la mañana y puñetear al régimen de Putin en la cara sin andarse con rodeos?

Todo en Moscú es familiar y acogedor. Me son indiferentes los trabajos de renovación de Sobyanin. Las cosas han mejorado en algunas partes, en otras, todo lo contrario. Lugares medio abandonados han emergido súbitamente, incluso en barrios caros, como si repentinamente el dinero se hubiera evaporado. Estoy seguro de que eso es lo que ha ocurrido, literalmente.

No veo ningún festín privado en medio de la plaga, pero creo que aún no doy con los lugares indicados. Toda Moscú se ha vuelto desolada y salvaje. Cuando la capital finalmente se mude a Siberia, la Moscú que conozco y amo se verá aún mejor. Pero, por ahora, es lo que es: un disparatado patchwork al caótico estilo euroasiático que absorbe millones de tonos ostentosos y pobres del país entero y de alrededor, mientras nos tienta con nuevas revoluciones en alguna de sus plazas y patios traseros.

Toda Rusia puede encontrarse en Moscú, y aún así, como todos saben, Moscú no es toda Rusia. Debido a esta rareza, los moscovitas pueden amar a todo el país más fácilmente que cualquier otro, aunque este país sea imaginario e insondable, hecho a partir de retazos. “Estoy de pie como frente a un acertijo eterno, / ante una gran y fabulosa tierra”, cantaba un famoso moscovita. Repito una línea de otro poeta acerca de otra ciudad y pienso que amar la ciudad capital y el país es un privilegio enorme, complicado. “Que no sea mi suerte / morir tan lejos de ti”.

Los hábitos de comunicación pública en línea han cambiado mucho por los riesgos que implican. Ahora ya no parece que tu evento no hubiese existido si no tiene publicaciones en internet, ni si dejaste de publicar fotos tuyas con un alegre grupo de asistentes.

Ahora hay (más) canales de comunicación personales con comunidades y más boca a boca. La gente reacciona de forma más reservada en público y más emocional entre amigos. Discúlpenme por ser sentimental pero nada se compara a los abrazos reales de amigos y familia en una ciudad llena de recuerdos, tuyos y de otros.

Por supuesto, hay muchos nuevos problemas y prefiero lidiar con algún tipo de adicción al internet que con la pesadilla a la que todos nos enfrentamos ahora. Aún así, existe la idea de que la guerra se ha hecho camino en la degradación de todas las formas de vivir en Rusia. Esto no es cierto. Los seres humanos son criaturas muy creativas e ingeniosas. Los golpes violentos no acaban con la vida, sino que la impulsan a nuevas formas. Un detalle: ninguna forma de vivir y crear puede justificar el asesinato en masa de gente que no volverá a despertar. Comunidades culturales, activistas, educaciones y otras que persisten y cambian, a pesar de la semi clandestinidad, a pesar del costo del riesgo o compromiso, incrementan nuestras posibilidades de transicionar a una forma diferente de vivir en nuestro país en el futuro. Mientras más aliados tengamos en casa ahora, más posibilidades de que estén en el lugar correcto, a la hora correcta, esto si los primeros vuelos en los que nuestros amigos han sido expulsados del país se demoran un poco.

Es evidente la ironía o irritación contra quienes han salido (de Rusia) por una u otra razón entre quienes se han quedado, a excepción de los que planean partir. Una de las quejas usuales es “ellos se fueron para vivir tranquilos e hicieron bien, pero no deberían hacerlo pasar por un acto político”.

Es cierto, aunque con muchos peros. Por supuesto, bravo por los activistas que han ayudado a muchos a emigrar y adaptarse a vivir en el extranjero. Bravo por los periodistas que se han mudado a lugares relativamente seguros desde donde pueden continuar con sus obligaciones profesionales para con sus conciudadanos. Noticias regulares, aunque serias, mostradas con respeto a la audiencia y a ellos mismos, sin brutalidad innecesaria (“para poder compartirlas con la abuela”) son desesperadamente indispensables, casi todos coinciden en esto. Pero el pesimismo y animosidad contra la vida en el país por parte de los ciudadanos emigrados está completamente fuera de lugar. Claramente, los exilios autoterapéuticos, a la vieja usanza, deben tratarse de forma privada. 

Mientras la demanda por información alternativa es grande (también muchos en la URSS escuchaban La voz de América, sin ser necesariamente antisoviéticos), se puede notar el escepticismo o falta de interés en los emigrados políticos. ¿Por qué? Al parecer son muchos los ejemplos en los que, a su regreso, son los emigrados políticos quienes se involucran en grandes transformaciones e incluso las lideran. Escapar de una prisión rusa, huir al extranjero, brindar por el éxito de la aventura con camaradas en Génova mientras se discuten futuras estrategias en atmósferas relajadas y retornar para trabajar clandestinamente, era la trayectoria típica de los demócratas radicales rusos de principios del siglo veinte. 

Los tiempos han cambiado desde entonces, aún cuando muchos viajan de ida y vuelta. Podemos dialogar largamente acerca de las dificultades de la emigración con quienes se quedaron en Rusia, ellos estarán de acuerdo y simpatizarán con nosotros, especialmente si estuvimos en riesgo aquí, en casa. Pero la mayoría aún ve en alguien que se muda al exterior una mejora de su vida privada.

Renunciar a tu vida pasada es, automáticamente, como renunciar a tu comunidad del pasado. La propaganda, por supuesto, hace su mejor esfuerzo para inflamar el resentimiento, pero no es sólo la propaganda. La emigración es una experiencia de constante autonegación. Especialmente ahora, cuando a los emigrados rusos se les recuerda (gentilmente y no tan gentilmente) que deben cancelarse a ellos mismos en términos de su ciudadanía, pasado, lenguaje, identidad e incluso su bandera. Es más, el reanimado discurso ético religioso de la guerra fría, con su confrontación entre el bien y el mal a escala global, ha jugado un rol considerable en todo esto.

El campo en el que debería tomar lugar el diálogo entre los que se van y los que se quedan, así como entre los opositores moderados y los leales dubitativos, ha sido arrasado por moralizadores de proverbiales abrigos blancos y patriotas rabiosos. Ellos son quienes dividen y conquistan.

Quienes se van generalmente argumentan en términos de libertad negativa –libertad de la censura, de la represión política, de la movilización militar, de financiar indirectamente la guerra y a quienes la defienden. Quienes se quedan lo hacen porque no encuentran cómo superarse en el extranjero, al menos no sin un esfuerzo sobrehumano y el convencimiento de que les atemoriza más la amenaza del arresto o la autocensura. Estos generalmente hablan de deberes, hacia sus parientes mayores, estudiantes, pacientes, votantes, prisioneros políticos, las tumbas de sus familiares, hacia la patria, etc. Y muchas veces obtienen como réplica que es inmoral ser parte de la vida normalizada de la Rusia actual. El conflicto ético es evidente.

Me imagino a los Pokrovas y a los Ordynkas pensando de dónde sacarán dinero para pagar las cuentas y las deudas. Hay afiches en los que se llama a los hombres a enlistarse en el ejército. De alguna forma, no me siento más respetable que quienes matan por dinero. Definitivamente no lo haría, pero esto no es motivo para elevar mi autoestima. Pienso en algún viejo camarada, perecido en la “operación militar especial”. Sus deudas, su bajo nivel social y su resentimiento izquierdista antioccidental convertidos en enajenación imperialista. Me siento en un café, pienso en mis planes. La gente a mi alrededor habla de diversas cosas mientras los habitantes de un país vecino son bombardeados en nuestro nombre.

Soy bueno alejando lo desagradable. Todos lo somos.

Al estar aquí y disolverme en esta vida, es difícil sentirse como un miembro de un comité de ética. Es sencillo darse cuenta que todos somos básicamente iguales, que no hay diferencias insuperables entre nosotros. Todas nuestras acciones (ya sean ordinarias, vergonzosas o magnificentes), toda la pasividad de las masas, todas las revueltas de las naciones, son manifestaciones del mismo principio humano en diferentes circunstancias históricas. La forma en que mi propia humanidad se manifiesta en ellas es de lo más interesante de observar. Vale, eso ya ha quedado claro.

No, por supuesto, hay una gran diferencia entre la oposición a la crueldad, la no participación pasiva, y la complicidad. Los propagandistas putinistas han estado desvaneciendo la distinción entre estas para despolitizar y degradar moralmente a la sociedad. Sabemos eso y no nos pueden engañar. Tanto en entornos seculares y cristianos, una persona siempre tiene una elección y una responsabilidad que deviene de esta. No debemos ver al individuo como una reticente víctima de la carencia y la propaganda. También es verdad que, aún si creemos haber tomado la elección moralmente supercorrecta definitiva y juzgamos incesantemente a nuestro vecino o creemos que está hecho de algo diferente, o caemos en la tentación de culparle de complicidad colectiva sin un juicio, sería hacer lo mismo que hacen varios líderes espirituales y políticos en nuestro país.

La maldad política no se combate con la virtud personal, ni mucho menos con el postureo moralista, sino con la ética política o cívica. En ese sentido, nuestro país tiene un gran problema.

Todos los debates entre los que se van y los que se quedan, entre los lema “paz ya” y “guerra hasta que caiga la dictadura”, sobre si Navalni debió o no retornar a Rusia, giran alrededor de una pregunta sin respuesta: ¿qué es aquello por lo que estamos dispuestos a arriesgar nuestras vidas privadas, nuestros ideales colectivos?

Ciertamente, no tengo una respuesta clara. Rusia ha dejado atrás los heroicos tiempos del liberalismo y el socialismo, cuando la gente creía que el heroísmo cívico no era una debilidad mental o una temeridad, sino un deliberado y maduro paso hacia un futuro mejor. El deseo del pueblo de tomar las calles contra la guerra y la dictadura es imposible sin la convicción de que se está en el lado correcto de la historia, de que estamos en un movimiento que coincide y trasciende nuestro interés privado.

Los bolcheviques creyeron en el arribo inevitable del comunismo a escala global y fueron capaces de convencer a muchos de que esto pasaría, lo que les significó la victoria. En 1991, los rusos creían que al defender la Casa blanca (rusa) y enfrentarse a los tanques de los conspiradores golpistas, encaminaban a Rusia por el camino del progreso, por el que todas las naciones democráticas estaban transitando. Querrámoslo o no, Rusia no está lista para seguir ningún camino conocido. Es más, ya no hay camino alguno: el camino ha de ser empedrado desde cero (estoy contando con esto).

Hoy, vemos una tenue luz de esperanza en el republicanismo y su concepción de que el espíritu comunitario no es un premio consuelo para gente sin realizamiento profesional ni felicidad personal. Este no se puede reducir a una virtud profesional o personal y no es una profesión en sí misma.

Cualquiera que se atreva a unirse a otros para oponerse a la tiranía y trabaje cada día para prevenir que esta se repita, es capaz de demostrar valor cívico. Y mientras más brillante, resuelto y constructivo sea alguien en su compromiso con su trabajo, mientras más use su potencial profesional, creativo o de otro tipo, mayor será su autoridad en su comunidad y mayor será la posibilidad de que quede en la memoria comunitaria. Esto suena bien como motivación pero si la ética republicana es posible, entonces es realizable en campañas en pequeños y medianos espacios alrededor de edificios residenciales, patios, vecindarios y (la mayoría de) ciudades, donde es posible encontrar analogías con las antiguas plazas griegas en las que la gente sostenía reuniones.

Una comunidad nacional es imaginaria, sin importar cómo la pensemos, se basa en una vaga situación histórica y en la memoria colectiva. Si no queremos que esta sea la memoria de como “todos nos temían”, debería entonces ser la memoria de como sobrevivimos y resistimos juntos –secreta y explícitamente, pasiva y activamente– la exterminación de otros y nuestra propia exterminación, de como construimos lazos, nos comprometimos con la “cultura”, educamos a los niños, apoyamos a los prisioneros políticos y ayudamos a las víctimas de los bombardeos y a quienes se quedaron sin hogar.

Esta es la base de la comunidad, una base alimentada no por la superioridad moral, ni por la negación de uno mismo y sus raíces, ni por marcar diferencias. Se nutre, en cambio, de la responsabilidad de la gente que está o ha estado con nosotros en las mismas plazas y en las mismas filas, de la gente que camina las mismas calles, de quienes fueron a las mismas escuelas, de quienes comparten las mismas esperanzas por el futuro.

Si estamos de acuerdo en esto, entonces tiene sentido tomar el riesgo y poner nuestro corazón en algo, juntos.

* Medvedev ha sido incluido en el registro de “agentes extranjeros” del ministerio de justicia ruso.

Fuente: Kirill Medvedev, “I Returned to Moscow from Exile and I Don’t Want to Leave,” Republic, 5 January 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.

El lector ruso: El asalto a Grozni treinta años después

Una refugiada chechena frente al edificio destruido en donde se encontraba su apartamento, en el centro de Grozni, 17 de febrero de 1995. Foto: Reuters (via Julia Jazagaeva)

En el trigésimo aniversario del asalto a Grozni, los medios liberales rusos recuerdan a la audiencia rusófona que la guerra chechena ocurrió alguna vez. En cuanto veo ese titular en algún video, ni siquiera pienso en hacerle clic, simplemente lo ignoro. Un par de sumarios  son suficiente para convencerme de que esa gente no ha entendido nada, aún después de tres décadas. Incluso con tres años de la reciente, absolutamente desleal guerra imperialista en Ucrania, los obvios acontecimientos de lo que Chechenia significa para Rusia no han sido tan obvios para ellos.

Casi cualquier ruso decente podría decirnos, por supuesto, que bombardear ciudades atestadas de civiles fue incorrecto y sucio. Que llevar a cabo “operaciones de limpieza” en poblados y enterrar a las víctimas en fosas comunes fue también terrible. Mas, con seguridad, exclamarán “¡pero…!”. Nos hablarán de delincuentes chechenos, de cartas de crédito falsificadas y del intransigente Dudáyev. Sí, fue un error  destruir un tercio de la población chechena, se lamentará el ruso especulativo, pero, agregará, los chechenos eran manzanas podridas y tuvieron lo que se merecían.

Si, alguna vez, observamos un filme (documental) ruso que repase los hechos ocurridos en Chechenia hace treinta años, advertiremos que es acerca de los tipos que se enlistaron y que el año nuevo de 1994 fueron lanzados al epicentro del infierno. Sin entrenamiento adecuado para disparar o conducir tanques, esos fueron los desafortunados hijos de la madre patria: que su memoria viva para siempre. Este recurso artístico es usado, por ejemplo, en el proyecto asociado a Maxim KatzMinuto a minuto”. Los canales (de Youtube) Tiempo actual (Current Time) y Política popular (Popular Politics) han repetido esa fórmula de “la guerra chechena”.

Minuto a minuto, “La víspera del año nuevo del asalto a Grozni: una reconstrucción minuto a minuto” (31 de diciembre del 2024).

Semánticamente, la construcción “guerra chechena” opera de la misma forma que la invención de “El prisionero del Cáucaso”. Al esconder al agresor, se nos sugiere que nos enfoquemos en el agredido, como si este fuese la causa de la agresión. En esta artimaña lógica, Chechenia parece haberse incendiado a sí misma, que fueron sus habitantes quienes estúpidamente se bombardearon entre ellos. Que no fue Rusia la que invadió el Cáucaso, sino que fue el Cáucaso, el que por algún motivo, retuvo soldados rusos como prisioneros. No es sin motivo, que cuando alguien dice “tal persona fue asesinada en Chechenia”, es el lugar el que parece ser el malhechor. Quien  escuche eso no tiene motivo para preguntarse qué hacía ese soldado armado  en una tierra foránea. Es como si Chechenia hubiera aparecido en Samara y hubiese asesinado a un inocente conductor de tanques. 

Cuando pensamos, escribimos y decimos “guerra chechena”, automáticamente la interpretamos desde el punto de vista del colonizador y agresor. Aceptamos la interpretación impuesta por Moscú, que insiste que Chechenia es parte de Rusia, en lugar de un estado soberano al que atacó. Si Rusia no es nombrada en la nómina de este evento histórico, Chechenia es identificada como parte indiscutible del imperio y el conflicto se compara con el levantamiento de noviembre o la rebelión de Tambov.

Lo cierto es que fue la guerra ruso-chechena la que comenzó el 11 de diciembre de 1994. La guerra merece ser identificada como tal, tanto en términos de la naturaleza de las hostilidades, como por el estatus de las partes en conflicto, porque en el momento en que la República Chechena de Ichkeria fue invadida por las tropas rusas, se había declarado legalmente independiente por voto popular en una declaración de independencia hacía ya tres años, separándose de la URSS y bajo el mismo principio, de la RSFS. Los chechenos NO habían sido parte de la, entonces recientemente creada, Federación Rusa, ni tan solo por un día.

El periodista independiente Vadym Zaydman ha escrito más y mejor que nadie al respecto. No hay necesidad de parafrasearle cuando, en cambio, puedo citarle:

“Al momento del colapso/muerte de la URSS, Chechenia no tenía ningún vínculo legal ni con el difunto imperio soviético ni con la RSFS. En ese momento la RASS (República autónoma de la Unión soviética) de Chechenia Ingusetia llevaba existiendo como República de la Unión más de un año. Es más, por definición no podía ser parte de la Federación Rusa, como se proclamó el 25 de diciembre de 1991. Cuando la Federación Rusa nació, Chechenia no era parte de esta.

Ni siquiera Rusia consideraba a Chechenia como parte de Rusia durante ese período. El 31 de marzo de 1992, se incorporó el tratado de la Federación a la constitución rusa. Este hecho cambió el estatus de las repúblicas autónomas a repúblicas soberanas dentro de la Federación Rusa.

Fue solo a raíz de los conocidos eventos de octubre de 1993, cuando Yeltsin adoptó la nueva constitución rusa, que él, unilateralmente, incorporó a Chechenia en la Federación. De hecho, Yeltsin cometió un fraude como el que las autoridades rusas habían cometido cuando, tras el colapso de la Unión soviética, declararon a Rusia miembro del consejo de seguridad de la ONU como sucesor legal de la URSS, aún cuando Rusia no era ni siquiera miembro base de la ONU. Ucrania y Belarusia eran ya miembros de la ONU, pero Rusia, alias  la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, ¡no lo era! Al incorporar a Chechenia, un año después, Rusia inició el establecimiento del “orden constitucional” en Chechenia como en su propio feudo. Ingenioso ¿verdad?”

Fin de la cita.

El término “guerra chechena” es, como la expresión “guerra de Ucrania”, ilegítimo e inaceptable. Los ucranianos no admitirían  este término y el mundo civilizado no debería hacerlo tampoco. Para todos, la guerra actual es la guerra ruso-ucraniana. Lo mismo deberíamos hacer al describir la guerra en Chechenia: es la guerra ruso-chechena.

Muchos rusos obviamente preferirían que esto quedara en la historia de una forma más modesta, idealmente no como una guerra sino como una “operación militar especial” o una “operación contraterrorista”, porque fueron fuerzas de seguridad, no gente común, los responsables de tales operaciones. “OME” y “OCT” parecen términos triviales y restringidos, como una “alerta amarilla” de la policía, no produce temor ni culpa colectiva ni responsabilidad. Más importante, si se hace una correlación con estos términos putinistas, las sanciones occidentales serían consideradas como un castigo injustificado y desmedido, ya que hacen “sufrir a la gente común y corriente”. 

¿Por qué, entonces, diferentes instituciones, putinistas y anti putinistas, se han pasado los últimos tres años sin descanso, evaluando la opinión pública para saber si los rusos apoyan la guerra? Sí, es simple: por las sanciones, y por la  ligeramente empañada imagen de Rusia a ojos de la comunidad internacional. Si se muestran  esas encuestas relevantes a Occidente con frecuencia y se le recuerda que “las encuestas públicas no funcionan en una sociedad totalitaria”, se hará eco de ese mantra por encanto la milésima vez. Sería entonces mucho más sencillo para los oficiales de Bruselas explicarse a ellos mismos y al electorado por qué levantar tales restricciones: porque oprimen a una sociedad civil que ya está de por sí oprimida, que no desea la guerra de ninguna forma, pero que fue forzada a ella por Putin. 

Mientras tanto, para responder a la pregunta acerca de la cantidad de la población rusa que comparte la mentalidad imperial de sus líderes, es suficiente tomar el caso de la guerra ruso-chechena. Desde un punto de vista sociológico, este es un experimento científicamente transparente. En 1994 (como en 1999, cuando la segunda fase de la guerra comenzó) no había totalitarismo en Rusia. No hubo sanciones occidentales y no hubo emigrados rusos criticando al régimen desde el extranjero. El presidente norteamericano Bill Clinton expresó su “preocupación” cuando se enteró del asesinato de civiles en Chechenia. Francia apoyó el establecimiento del orden constitucional en el territorio propio de Rusia. Todos pensaron que el nuevo zar ruso, Yeltsin, era mejor que cualquier comunista, aún si combatía como uno.

Disfrutando del apoyo total de la comunidad internacional, Rusia arrasó Grozni hasta sus cimientos, y con ellos, a los remanentes de su población civil en la víspera del año nuevo de 1994. Esto no ocasionó lamento alguno en la sociedad rusa. La primera protesta ocurrida en Moscú tomó lugar el 10 de enero de 1995, organizada por Yegor Gaidar: fue una actividad partidaria con escasa asistencia. No fue sino hasta el 2001, esto es, cinco años más tarde que se dieron protestas civiles importantes contra la guerra en Chechenia (Mi camarada, Antti Rautiainen, quien, cuando las cosas quemaban en esos años, fue coorganizador de la primera protesta callejera contra la guerra, en Moscú en noviembre de 1999,  me señaló –en un comentario a Jazagaeva, originalmente en ruso– que la manifestación más grande, en Moscú, contra la guerra en Chechenia, tomó lugar en enero del 2000, no el 2001 – TRR). Como fuera, incluso entonces, de acuerdo a Radio Svoboda (Libertad), en entrevistas a transeúntes, “los moscovitas no tenían ningún apuro en unirse a las protestas: todos estaban ocupados con sus propios asuntos”. 

Las manifestaciones durante la primera fase de la guerra ruso-chechena fueron aisladas y, bien podría decirse, de carácter personal. Desde los primeros días de la invasión, el disidente soviético y activista ruso de derechos humanos, Serguei Kovaliov, se trasladó a Grozni. Intentó impedir el bombardeo de la ciudad. En marzo de 1995 fue removido de su cargo de comisionado de derechos humanos por apoyar al lado “incorrecto”. La presentadora de televisión Svetlana Sorokina se tomó, al aire, la libertad de remarcar, consternada, tras una pausa comercial, que “ningún detergente podría lavar la conciencia de los generales rusos”. La Chechenia independiente y sus presidentes electos legalmente, Dzhojar Dudáyev y Aslán Masjádov, recibieron, consecuentemente, el apoyo de Valeria Novodvórskaya. Boris Nemtsov intentó detener la guerra haciendo circular una petición (que, supuestamente, fue firmada por un millón de rusos – TRR). Pero no hubo quejas de las masas populares en Rusia, más allá de las campañas lideradas por las madres de los conscriptos, ni en la primera fase de la guerra ni mucho menos en la segunda.

El sociólogo Yuri Levada describió así, el 2001, la actitud hacia la guerra en Chechenia: “El sentimiento contra la guerra es fuerte (en Rusia), pero desafortunadamente no podemos sobreestimar su relevancia. Lo cierto es que mucha gente cree que las acciones cruciales, con gran pérdida de vidas humanas, son, quizás, las más exitosas. La desaprobación de la guerra no excluye, por ejemplo, la aprobación de medidas salvajes como las “limpiezas” que son realmente difíciles de afrontar para las autoridades en Chechenia y Rusia. Entonces, el deseo de no continuar la guerra es una expresión de la fatiga, no una expresión de una protesta consciente y directa”.

El sociólogo Lev Gudkov describió a los rusos que apoyaban el retorno de Chechenia al seno del imperio, de la siguiente manera: “son los rusos más jóvenes y mejor educados quienes argumentan que los chechenos deben ser aplastados a cualquier costo y que este problema debe solucionarse por la fuerza, que ninguna negociación con Masjádov es posible, que sólo existe una solución, la derrota total y definitiva (de los chechenos). Por otro lado, quienes alegan que es necesario encontrar una salida pacífica como fuese, aún negociando con Masjádov, son personas mayores, con más conocimiento y experiencia, y en este sentido, más tolerantes e inclinadas a reconocer la independencia de Chechenia si con ello la guerra acaba”.

Así que, cuando los rusos liberales, la crema y nata de la sociedad, escribe y habla de la “guerra chechena”, ya sabemos de su actitud hacia el imperio y sus conquistas. Si no hubiese sido por las sanciones ante la invasión de un país europeo, Ucrania, nos sorprendería encontrar lo que los rusos realmente piensan acerca de la guerra. Como cierto caballero que dejó Rusia hace veinte años me dijo en una conversación privada: “todavía siento lástima por nuestros muchachos. Después de todo, los ucranianos han matado más rusos que rusos a ucranianos en esta guerra”.

Fuente: Julia Jazagaeva (Facebook), 4 de enero del 2025. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.

El lector ruso: Viktor Filinkov

Jenya Kulakova y Viktor Filinkov después de cruzar la frontera de Kazajistán. Foto: Mediazona.

El programador Viktor Filinkov fue liberado después de siete años de permanecer en prisión bajo custodia policial como acusado y convicto por el caso Network. El mismo Filinkov contó a Mediazona que había sido liberado de la colonia penal n.º 1 de Oremburgo por la mañana, tras lo que fue conducido por oficiales de policía a la frontera con Kazajistán y entregado a agentes de frontera locales.

Antes de ser liberado, Filinkov fue entrevistado por oficiales del caso en la colonia penal, quienes le advirtieron que no volviese a Rusia tras su deportación. Los oficiales de policía le llevaron hasta la frontera engrilletado.

Filinkov es nacional de Kazajistán. En el 2021, mientras estaba encarcelado, el servicio federal penitenciario (FSIN) determinó que la presencia de Filinkov en Rusia era “indeseable” y le prohibió ingresar al país por ocho años, práctica común entre los convictos por cargos de terrorismo. Basada en este fallo, la oficina del ministerio del interior en Oremburgo ordenó la deportación de Filinkov.

Filinkov es nacional de Kazajistán. En el 2021, mientras estaba encarcelado, el servicio federal penitenciario (FSIN) determinó que la presencia de Filinkov en Rusia era “indeseable” y le prohibió ingresar al país por ocho años, práctica común entre los convictos por cargos de terrorismo. Basada en este fallo, la oficina del ministerio del interior en Oremburgo ordenó la deportación de Filinkov.

Filinkov y su esposa Yevgenia (también conocida como Jenya) Kulakoba están ahora en Kazajistán. Ellos se dirigen a Petropavl, al norte del país, en donde reside la madre de Filinkov.

Antes de ser liberado, oficiales del FSIN lavaron y entregaron a Filinkov la chaqueta verde que él vestía cuando, hace siete años, fue detenido y torturado con una pistola paralizante.

Viktor Filinkov, programador y antifascista, fue detenido en San Petersburgo el 23 de enero del 2018. En ese momento tenía veintitrés años. Tras su arresto, Filinkov describió en detalle como oficiales del FSB le llevaron al bosque y le torturaron con una pistola paralizante, obligándole a memorizar los testimonios que querían que él entregase. Otros acusados y testigos del caso describieron torturas similares.

Investigadores del FSB elevaron cargos contra once antifascistas y anarquistas en Penza y San Petersburgo, bajo el artículo 205.4 del código criminal que criminaliza “la organización de un grupo terrorista”. De acuerdo al FSB, los jóvenes se habían unido en la “red de una comunidad terrorista” y se preparaban para “derrocar al régimen por las armas”. 

Las sentencias contra los convictos en Penza varían entre los seis y dieciocho años en prisión, mientras que los convictos de San Petersburgo recibieron condenas de entre tres y medio hasta siete años en prisión. Filinkov fue el último convicto en cumplir condena. 

Desde el verano del 2021, Filinkov sufrió cárcel en la colonia penal n.º 1 de Oremburgo, en donde enfrentó la represión de los guardias: fue enviado repetidamente a confinamiento solitario y sus cartas fueron constantemente robadas y falsificadas. Aún así, Filinkov interpuso apelaciones contra los castigos de la colonia penal, con la asistencia de su abogado, Vitaly Cherkasov, y su defensora pública, Yevgenia Kulakova. Cuando Filinkov comenzó a ganar un caso tras otro contra la colonia penal, los guardias prefirieron dejarle tranquilo. En los últimos dos años no ha sido hostigado.

Fuente: Mediazona, 22 de enero del 2025. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader. En las actualizaciones periódicas del Network Case dossier (en inglés) se encuentran enlaces a todo lo publicado por The Russian Reader acerca del caso Network en los últimos siete años.


Jenya Kulakova y Viktor Filinkov

Vitya y yo estamos juntos y libres finalmente. No había seguridad de que todo esto funcionaría hasta el último momento, así que lo de hoy es para mí un milagro y un alivio después de tanta tensión y esfuerzo. 

¡Muchas gracias a todos por las felicitaciones que han llovido desde todos lados! Es genial saber que un evento feliz en mi vida ha traído tanta alegría a quienes me conocen. Gracias a los medios de comunicación y su cobertura de la liberación de Vitya (y con esto, sus peticiones de entrevistas).

Todo esto es precioso para mí, pero justo ahora ni Vitya ni yo podemos leer todo lo que ha llegado, ni mucho menos responder. Por favor entiendan que ambos (sobre todo Vitya) necesitamos tiempo para racionalizar y vivir estos momentos.

¡Gracias a Alina por la foto!

Fuente: Jenya Kulakova (Facebook), 22 January 2025. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader, a partir de la nota de Thomas Campbell, amigo personal de Jenya.

Leer más:

El caso Network: torturas y persecución al antifascismo en Rusia. La Marea, España, del 27 de junio del 2020.

El lector ruso: Aleksander Skobov

Olga Shcheglova asiste al juicio de su marido Aleksander Skobov por videoconferencia. Foto de SOTAvision/Grani.ru

Declaración final de Aleksander Skobov en el juicio en su contra:

Me he criado en la Unión Soviética con la creencia de que cuando un malicioso y cruel agresor ataca a civiles, tenemos que tomar las armas y combatirlo, y que quien no pueda usar armas, debe ayudar a los  combatientes y alentar a otros a hacer lo mismo.

Todo mi trabajo como comentarista político ha consistido en invocar al pueblo a pelear contra el agresor que ha atacado a Ucrania, y asistir a Ucrania con armas y municiones.

Nadie ha atacado o amenazado a Rusia.

Fue el régimen nazi de Putin el que atacó a Ucrania, sólo por la megalomanía de los cabecillas del régimen, por su inhumana sed de poder sobre todo lo que ven.

Asesinando a cientos de miles de personas es como ellos refuerzan su autoestima. Son degenerados, escoria y gentuza nazi.

La responsabilidad de la dictadura de Putin de planear, desencadenar y llevar a cabo  una guerra agresiva es obvia y no necesita ser probada. Tampoco necesitamos probar nuestro derecho a una resistencia armada contra esta agresión en el campo de batalla y en la retaguardia del agresor. Sería risible esperar el reconocimiento de este derecho por parte de un régimen que arroja gente a las prisiones por condenar moralmente y con fuerza esta agresión. Toda forma de protesta contra la agresión putinista ha sido eliminada.

Mi llamado a resistir al régimen agresor por la fuerza ha ocasionado que me acusen de terrorismo*. No me propongo discutir con los oficiales del agresor, aún si ellos afirman  que mis acciones constituyen pedofilia. Las cortes rusas han demostrado hace tiempo que son apéndices de la tiranía nazi y que es inútil buscar justicia en ellas. Nunca me someteré a ellos, lacayos de asesinos y sinvergüenzas.

No veo razón para discutir con marionetas de la dictadura acerca de que tan concienzudamente cumplen sus propias leyes. De cualquier manera, esas leyes son las leyes de un estado totalitario cuyo objetivo es secuestrar la disidencia. No reconozco esas leyes y no las obedeceré.

Tampoco tengo intención de apelar ningún fallo ni a las acciones tomadas por los representantes del régimen nazi .

La dictadura putinista puede asesinarme pero no podrá detener mi lucha contra ella. Donde sea que esté, seguiré convocando a los rusos honestos a unirse a la fuerzas armadas ucranianas. Seguiré reclamando ataques aéreos en bases militares dentro del territorio ruso. Seguiré apelando al mundo civilizado a infligir una derrota estratégica a la Rusia nazi. Seguiré tratando de probar que el nuevo régimen hitleriano debe ser aplastado militarmente. 

Putin es el nuevo Hitler, un vampiro al que la impunidad y el gusto de la sangre le vuelven loco. Nunca me cansaré de decir “¡Aplasten a la víbora!” 

¡Muerte al asesino, tirano y ruin Putin!

¡Muerte a los invasores fascistas rusos!

¡Gloria a Ucrania!


[Grani.ru] Gracias a Olga Shcheglova (en la foto anterior), dedicada esposa de Aleksander Valerievich. Gracias a SotaVision por grabar el evento en la corte militar de San Petersburgo (Skobov toma parte en el juicio vía videollamada mediante Syktyvkar). Gracias a quienes no han cancelado su suscripción a Grani.ru después de que esta cerrara. Es como si Skobov hubiera hecho coincidir su valiente  acción con el último colapso moral de numerosos medios de comunicación. Y aún así, será escuchado por un puñado de sus contemporáneos. Pero él ya es parte de la historia.

* Skobov ha sido acusado de “convocar públicamente al terrorismo”, “hacer apología del terrorismo o promocionar el terrorismo haciendo uso de medios de comunicación, incluso internet” y “organizar una comunidad terrorista y participar en ella”. Si Skobov es encontrado culpable de esos cargos, se enfrenta a una pena máxima de entre diez y quince años en prisión y multas de hasta un millón de rublos (9,500 euros aproximadamente) – TRR.

Fuente: Grani.ru (Facebook), 15 de enero del 2025. Traducido al español por Hugo Palomino para The Russian Reader


Aleksander Skobov, 67, está siendo juzgado por cargos relacionados a publicaciones en redes sociales, “invocar públicamente al terrorismo”, “hacer apología pública del terrorismo o promover el terrorismo haciendo uso de redes sociales, incluyendo internet” y “organizar una comunidad terrorista y ser partícipe de la misma”. Se enfrenta a entre 10 y 20 años de cárcel si es encontrado culpable. 

En marzo del año pasado, Skobov fue  declarado “agente extranjero” y fue detenido en abril, tras ignorar las peticiones de sus amistades para que deje Rusia. En su primera audiencia judicial se negó a responder preguntas, declarando que sólo deseaba “escupir al juez en la cara”. Ahora sufre prisión preliminar en Syktyvkar, república de Komi. 

Aleksander Skobov inició su actividad política en los movimientos de izquierda de la disidencia soviética de los setenta. En 1976, junto a otros estudiantes de Leningrado (ahora San Petersburgo), formó la “oposición de izquierda”, grupo que reclamaba el fin de la represiva maquinaria estatal de la Unión Soviética, por los derechos humanos y el desarme nuclear.

El grupo coincidió con la escena contracultural y las bandas rockeras de Leningrado. En “Perspectivas”, el grupo publicó textos de León Trotski, los escritores anarquistas Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin; y socialistas europeos contemporáneos, incluyendo a Daniel Cohn-Bendit y Herbert Marcuse. 

Aleksander Skobov en 1977. Fotografía del archivo de la fundación Iofe.

En 1978 la “oposición izquierdista” contactó grupos en otras ciudades y planeó lanzar una “unión de juventud revolucionaria comunista”. Arrestado junto a otro organizador, Skobov fue enviado a un hospital psiquiátrico, una infame forma de castigar disidentes en la era soviética. 

Tras su excarcelación, en 1981, Skobov se unió a la Unión de trabajadores libres interprofesionales, más conocida como SMOT, una de las primeras organizaciones de trabajadores independientes en la Unión Soviética. Cuando Lev Volokhonsky, uno de los promotores de la SMOT, fue arrestado, Skobov y otros pintaron grafitis para demandar su liberación, por lo que fue nuevamente detenido. Sirvió una segunda sentencia de tres años en un hospital psiquiátrico. 

Al final de los ochenta, cuando la política del glásnot permitió la actividad política legalmente, Skobov se unió a la Unión Democrática. Consecuentemente, en 1988, se convirtió en uno de los últimos en ser acusado por “agitación antisoviética”, caso que fue cerrado en 1989. 

En los noventa, los primeros años postsoviéticos, Skobov denunció vehementemente la guerra rusa contra Chechenia como “una guerra desencadenada por el imperialismo ruso, con el objetivo de aplastar las aspiraciones independentistas de quienes fueron alguna vez avasallados por la Rusia zarista”, guerra que se peleó con “los interminables métodos barbáricos de los colonizadores de todas las eras y pueblos”. Se unió al partido liberal Yábloko y al grupo Solidaridad, que tuvo actividad a inicios de la década de los diez.  

Skobov denunció la intervención rusa en Ucrania en el 2014 y públicamente aplaudió a los rusos que se enlistaron en la resistencia ucraniana, tomando las armas. Simon Pirani.



En julio del año pasado, tras su arresto y detención, Skobov escribió a su esposa, Olga Shcheglova, pidiéndole que publicase dicha carta. Esta fue impresa por Novaya Gazeta Europa. Aquí la compartimos traducida.

Querida Olga: 

Quería escribir esta carta a Lena (puedes imaginar fácilmente porque), pero no tengo ningún sobre con su dirección. De todas formas, esta misiva no es sólo para ella. 

Tú y yo hablamos de esto cuando nos vimos por primera vez. Quiero explicar nuevamente porque les dije no a muchos queridos y cercanos amigos, quienes intentaron convencerme de aprovechar la oportunidad de salir de Rusia. 

Pertenezco a una generación de disidentes soviéticos presos políticos. Aunque en números somos pocos, esa generación se convirtió en un fenómeno histórico significativo. Se convirtió en símbolo de la resistencia de la humanidad contra la violencia. Alcanzó un lugar a nivel internacional.   

Y aunque siempre he sido una oveja negra para mi generación, por ser “rojo”, pertenecer a ella ha sido lo más importante en vida. Esa generación estaba hecha de gente diferente: algunos buenos, otros no tanto, algunos fuertes, otros débiles. Tuvo sus altas y bajas, como cualquier otra oposición en cualquier otro contexto y en cualquier otro tiempo. Siempre se mostró al mundo a través de sus míticas personalidades y los esplendorosos estándares morales y espirituales que estos establecieron.

Todos han muerto. Nunca fuimos muchos y sólo unos cuantos quedamos. Nuestra generación toma su sitial en la historia por razones completamente inherentes. Y en el nuevo drama histórico que ahora se extiende, sólo puede estar al margen. 

Ellos no nos han puesto un dedo encima por mucho tiempo. El motivo: moriríamos en nuestra ley. O, en cambio, nos exhiliaríamos y pasaríamos el resto de nuestra existencia viviendo del capital político conseguido (merecidamente). Los golpes están cayendo sobre otros, muchos de ellos más jóvenes. 

Más acerca de Skobov, en inglés: “New trumped up charges against Alexander Skobov” (The Russian Reader, 19 de mayo del 2024). También: “We all live in a yellow submarine” (The Russian Reader, 5 de agosto del 2020)

Acerca de la nueva generación de activistas rusos contra la guerra que Skobov apoya, People&Nature ha escrito aquí, aquí, aquí y aquí (en inglés).

Fuentes consultadas para escribir las notas de este artículo (en ruso): “Pod teniu tiurmy” (Novaya Gazeta, 16 de enero); “Krasivy final zhizni” (BBC News Russian, 4 de abril del 2024); entrevista con Skobov, Kholod, 16 de mayo del 2023; el archive de la fundación Iofe; e Ilya Budraitskis, Dissidenty sredi dissidentov.

Fuente: People and Nature, 21 de enero del 2025. Traducido al español por Hugo Palomino

El lector ruso: El espíritu del año nuevo


“Devuelve el espíritu del año nuevo”: Igor Stomajin, Moscú, 2024

Fiel a su naturaleza vanguardista, el Noise Cabaret estrena, el 25 de diciembre, la serie inmersiva Diálogos, basada en la obra filosófica de Platón. Aleksander Judiakov transforma la antigua filosofía griega en una animada, ingeniosa y provocativa charla con la audiencia. 

Junto a su compañero, Ivan Wahlberg, Judiakov, quien no sólo actúa sino que también dirige el proyecto, guiará a la audiencia a través del laberíntico  pensamiento de Platón: ¿qué es la justicia?, ¿dónde está la línea entre lo existente y lo no existente?, ¿cuál es la naturaleza del amor? Estas y muchas otras fundamentales preguntas filosóficas servirán de punto de partida para reflexionar y debatir. 

Diálogos es una serie de performances interactivas en la que cada espectador toma parte en discusiones filosóficas que consisten en textos de Platón adaptados e improvisados de forma histriónica, lo que significa que el desarrollo de la sesión depende de la participación de la audiencia. Cada nueva performance es un capítulo aparte que trata un problema filosófico específico, de forma que el espectador puede unirse a la serie en cualquier momento. El primer episodio está dedicado al concepto de la justicia.   

El Noise Cabaret planea invitar a celebridades de San Petersburgo para enriquecer la conversación con la audiencia con sus propias opiniones y perspectivas. 

Judiakov ha compartido la idea básica del proyecto:

“Quisimos crear una historia acerca de gente que conversa en un bar. Pero, gente que habla sólo entre ellos no es interesante, tiene que haber algo primordial. Cuando estudié a Platón, me interesé en muchos aspectos de su filosofía, sería un error limitarnos a un solo tópico. Así nació la idea de crear una serie: tomar a Platón, leerle y discutir los temas que él refiere en los diálogos socráticos. 

Planeamos producir una nueva sesión cada dos o tres meses. No pretendemos ser estudiosos serios de la filosofía platónica, sino que esta es más bien una excusa para hablar con el público acerca de temas difíciles, exponer los Diálogos y reflexionar acerca de estos. Y un bar es un lugar donde podemos hablar de todo tipo de cosas, incluso de filosofía”.

Fuente: Fontanka.ru, 23 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino.


Los rusos han gastado casi 6 000 millones de rublos en Ozempic genéricos el 2024

Los medicamentos basados en semaglutida se usan habitualmente para perder peso. 

En los primeros diez meses del 2024, los rusos gastaron 5,9 000 millones de rublos (aproximadamente 52 000 millones de euros) en más de un millón de envases de versiones genéricas del medicamento Ozempic (semaglutido), de acuerdo al DSM Group, según un reporte de Vedomosti.

Entre los genéricos más populares se encuentran el Semavic de Geropharm y el Quincenta de Promomed. El Ozempic original dejó de exportarse a Rusia en diciembre del 2023, abriendo el mercado a otros equivalentes locales. 

2024 ha sido un año récord para medicamentos en esta categoría. En comparación, el 2023 los rusos gastaron sólo 297 millones de rublos en Ozempic al adquirir 20 mil dosis. El 2022 gastaron 1,9 mil millones de rublos (en 256 mil dosis); el 2021, 758 millones de rublos; y el 2020, 76 millones de rublos.

Los medicamentos basados en la semaglutida son usados en el tratamiento de diabetes, pero recientemente han ganado popularidad como fármacos  adelgazantes, lo que ha contribuido a su crecimiento de ventas en Rusia.  

Fuente: ASTV.ru, 21 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino.


La ciudad de San Petersburgo inaugurará una nueva estación de metro esta semana. Así lo anunció, el jueves, el gobernador Alexander Beglov, en la que será la primera estación de metro en abrir en cinco años.

La estación Gorny Institute de la isla Vasílievski, extenderá la cuarta línea (naranja) hacia el oeste. Esta comenzará a operar el viernes (27 de diciembre) a las 9 de la mañana, cuando su vestíbulo se abra tanto al ingreso como a la salida, dijo Beglov.

“La apertura de la estación Gorny Institute es un hito”, escribió el gobernador en Telegram, haciendo notar que la ciudad ha superado “retos importantes” durante la construcción de la misma.

Beglov agradeció al presidente Vladimir Putin, a los constructores del metro, a ingenieros y residentes de San Petersburgo por su paciencia y apoyo, calificando la finalización de la estación el “primer resultado” de los constantes esfuerzos para mejorar el sistema de metro urbano.

La inauguración de la estación se produce tras años de retrasos. Inicialmente programada para el 2015, su apertura se pospuso primero al 2018 y luego al 2022. El trabajo de construcción fue empañado por la fatal caída de un andamio en junio del 2020, incidente en el que falleció un trabajador y otro resultó herido.   

Gorny Institute es la primera estación en abrir desde el 2019, cuando otras tres estaciones, Prospect Slavy, Dunayskaya y Shushary fueron inauguradas.

El metro de San Petersburgo está compuesto en la actualidad por cinco líneas y 72 estaciones. Sin embargo, su expansión se ha ralentizado con el tiempo, en claro contraste con el pujante sistema de metro de Moscú, que este último año inauguró ocho nuevas estaciones.  

Fuente: Moscow Times, 26 de diciembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


Al tratar de comprender la tonalidad del film (Anora), se me viene a la memoria una frase de Francis Bacon: “Uno puede ser optimista y no tener esperanza alguna”. La situación en la que los protagonistas se ven envueltos, a merced de los ricos, es totalmente desesperanzadora. La versión optimista del guión mostraría a un Vanya que encararía a sus padres para huir con Ani, aún cuando así perdiera su fortuna –lo que constituye la trampa de la película. O quizás, la madre despiadada y capitalista podría sentir respeto a regañadientes por su tenaz nuera, como ocurrió en la última temporada de Fargo. Aún con su siniestro  desenlace, la impresión que deja la película  se aleja de lo penoso o pesimista. El optimismo desesperanzado del cine de Baker se sostiene en lo extraordinario de la vida que parece escapar de la pantalla y, especialmente, su cuidado por los personajes, incluso Vanya.  

Fuente: Aaron Schuster, “The Ethical Dignity of Anora,” e-flux Notes, 20 de noviembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


Durante el otoño del 2023, con el objeto de entender qué ocurre con la sociedad rusa en tiempos de guerra, el equipo del Laboratorio Sociológico Público (Public Sociology Laboratory en inglés) realizó una serie de viajes de investigación etnográfica a tres regiones rusas: Sverdlovsk, Krasnodar y Buriatia. En el transcurso de un mes los investigadores del Laboratorio observaron cómo la gente aborda el tema de la guerra y sus efectos en la vida diaria de pueblos y ciudades. Grabaron también  entrevistas sociológicas con residentes locales. El Laboratorio ha compilado tres detallados diarios de observación (de más de 100 mil palabras cada uno) y ha conducido 75 entrevistas exhaustivas. Más importante aún, ha recolectado datos realmente invaluables que proporcionan una idea de lo que dice y piensa la gente acerca de la guerra en su vida cotidiana, más allá de sus respuestas a las interrogantes de los investigadores.  

El texto completo del reporte es de la envergadura de un libro, escrito también como uno: en siete capítulos se introducen  muchos personajes, permitiendo así a los lectores sumergirse por completo en los tiempos de la guerra contemporánea en Rusia. El siguiente sumario destaca las principales conclusiones del análisis.

●      La sociedad rusa permanece políticamente desmovilizada y sin ideología. Aún cuando predomina la opinión de que es una sociedad estrictamente militarizada, vemos que la guerra se ha convertido en una rutina y por ende en una parte ignorada de la realidad. Por ejemplo, comparado con el primer año del conflicto, la cantidad de simbología a favor de la guerra en espacios públicos ha disminuido en las tres regiones. La guerra no se ha convertido ni en fuente de nuevas ideas en la vida cultural de pueblos y ciudades ni se ha integrado en el ámbito familiar o en el ámbito cultural establecido. La guerra no se discute en espacios públicos, incluso, salvo raras excepciones, en comunidades locales en línea.    

●      En conversaciones espontáneas, los rusos raramente discuten los objetivos generales, causas, criminalidad o justificaciones de la guerra. Están más preocupados por el impacto del conflicto en sus vidas cotidianas. Cuando hablan acerca de la guerra, usualmente vuelven sobre tópicos que ya discutían antes de la conflagración, por ejemplo, problemas cotidianos, dinero o ética. Los hombres discuten más a menudo temas que son considerados “masculinos” en la sociedad, como aspectos técnicos de la guerra; mientras las mujeres se dedican a temas más “femeninos” como el efecto destructor del conflicto en las familias.

●      La participación de diversos tipos de voluntariado a favor de la guerra y asistencia organizada a la milicia, que generalmente es tomada como referencia y ejemplo de la movilización y militarización de la sociedad rusa, raramente está  motivada por un firme aval del público a la “operación especial”. Está, más bien, asociada con la presión de la administración, las normas morales de la comunidad (sobre el apoyo mutuo) y/o por el deseo de ayudar a sus seres queridos, en lugar del deseo de propiciar una victoria rusa. La observación de actividades de voluntarios muestra que estos no discuten de guerra o política en el trabajo, sino que prefieren temas  con los que pueden relacionarse personalmente: precios, pensiones, familias y/o historias vinculadas a centros voluntarios. 

●      A pesar de todas las similitudes, la guerra es percibida de forma diferente en diferentes regiones. Las peculiaridades de la perspectiva  de cada región se debe a factores como el número de unidades militares y colonias penitenciarias desde donde se reclutan presos, la proximidad a la zona de combate, la prosperidad de la región y el acceso a puestos de trabajo decentes, la compenetración de los lazos sociales, la circulación de noticias que llegan de amistades en el frente de batalla, etc. En otras palabras, las diferencias en las percepciones de la guerra pueden atribuirse principalmente a las peculiaridades de la vida en las regiones previas a la invasión rusa de Ucrania.

●      El conflicto entre opositores y simpatizantes de la guerra está perdiendo fuerza gradualmente, mientras el cisma entre aquellos que permanecen en Rusia y quienes se marcharon crece. Ambos casos se dan porque la experiencia compartida de vivir a través de una situación difícil dentro del país se está convirtiendo en algo más importante que cualquier diferencia de puntos de vista para muchos rusos y también porque la gente discute cada vez menos acerca de la guerra.

●      Al mismo tiempo, el menguante conflicto entre opositores y simpatizantes de la guerra no siempre implica una mayor cohesión social. Ya que la sociedad está intentando vivir como si la guerra no estuviera ocurriendo y el gobierno no menciona ninguna pérdida o problema relacionado con la guerra, todas las consecuencias negativas del conflicto se han normalizado o han sido apartados al ámbito de los “problemas personales” que no son discutidos con otros y que todos deben lidiar por sí mismos.

●      En general, muchos no se sienten capaces de influir en las decisiones políticas. Por consiguiente, se distancian cada vez más de la guerra. Ellos entienden que no pueden cambiar la política del gobierno pero retienen, al menos, algún control sobre sus vidas privadas, por lo que se refugian en estas. Con el tiempo, no solo los rusos apolíticos sino incluso opositores declarados de la invasión  sienten esta impotencia y, como resultado, algunos de ellos aceptan la nueva realidad, mientras siguen condenando la guerra para sus adentros.  

●      Consecuentemente, muchos rusos desconfían cada vez más de noticias políticas provenientes de un rango diverso de fuentes. En cambio ponen su confianza en medios locales. Los problemas locales en las noticias les parecen más importantes y relevantes. Más aún, sienten que, a diferencia de la guerra, al menos tienen la capacidad de influenciar en asuntos locales. 

●      Al mismo tiempo, la guerra está influyendo en el estado emocional de la gente. Muchos de nuestros interlocutores admiten haber experimentado ansiedad, tensión, incertidumbre, miedo incluso cuando no hablan de estas emociones  abiertamente. La partida de hijos y maridos a la guerra hace que las mujeres “griten a todo pulmón”. Sin embargo, raramente comparten estos sentimientos con otros y si lo hacen es en círculos de amistades cercanas. 

●      Muchos rusos sin interés en la política pueden justificar o condenar la guerra dependiendo del contexto comunicativo.

  1. Tienden a justificar la guerra de forma no emocional a través de la normalización (“siempre ha habido guerras”) o la racionalización (“era necesario”) cuando se les pregunta directamente en contextos formales como en las entrevistas de investigación.
  2. Tienden más a criticar la guerra cuando se les sugiere pensar en los efectos negativos de esta sobre la gente ordinaria. Este criticismo difiere del de los opositores al conflicto. Para los opositores, la guerra es un crimen moral contra Ucrania, mientras que para los rusos apolíticos, la guerra es vista como algo que destruye la sociedad rusa y daña a la gente común. Sin embargo, este criticismo no lleva a los rusos apolíticos a cuestionarse la necesidad o inevitabilidad de la guerra ni a extender sus críticas hacia el gobierno.
  3. Tienden a justificar la guerra emocionalmente cuando son confrontados con narrativas tradicionales contrarias al conflicto. Cuando Rusia es acusada de cometer crímenes morales contra la gente de Ucrania, suelen tomar tales acusaciones de manera  personal e intentan defender su propia dignidad.

Algunos experimentan un fortalecimiento del sentimiento de identidad nacional y, a veces, esto incrementa la demanda de una mayor solidaridad. Es importante dejar constancia que este incremento de la identidad nacional no guía a los rusos a adoptar el signo imperial del nacionalismo. A diferencia del Kremlin, la gente común y corriente vive en un mundo de estados-nación, no en un mundo de fantasías imperiales (según estas fantasías, Ucrania no es un estado real y los ucranianos son gente inferior). 

Una sensación de duda es lo que realmente une a los rusos hoy en día. A pesar de que la gente usa diferentes estrategias para hacer frente a esa sensación, esta complica significativamente la habilidad de planificar sus vidas y hunde a los rusos en el pesimismo.

Así, por una parte, lo que antes era la  naturaleza singular de la guerra, está dando paso a la normalización: gradualmente la guerra se está convirtiendo en algo ordinario, un elemento más del mundo que les rodea. De alguna manera, muchos rusos se resisten a los intentos del Kremlin de convertir ciudadanos ordinarios en partidarios ideológicos y a los intentos de la oposición liberal, que se manifiesta contra la guerra, de forzar a la sociedad a experimentar un sentimiento de culpa y participación activa. Por otra parte, la guerra constantemente nos recuerda su presencia al crear nuevas amenazas, nuevas ansiedades y nuevas razones para tener a los rusos descontentos.

Fuente: Public Sociology Laboratory (Programa ruso), diciembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


¡Queridos lectores!

Estos tiempos son difíciles, la clave en este caso es persistir en todo sentido.

Nadie dijo que fuese sencillo.

Pero no es tan duro tampoco.

El otro día le pregunté a Vladimir Putin si él esperaba algo más de sí mismo en el año que acababa.

Pero quiero preguntarte, lector, ¿esperas algo más de ti mismo el año que viene?

Necesitamos esperar algo. Necesitamos querer algo. Es una forma de aferrarnos a nosotros mismos. De cuidar de nosotros mismos. Incluso de encontrarnos a nosotros mismos.

¡Un signo duro (“Ъ”) nunca será un signo blando (“Ь”)!

¡Feliz nuevo año por llegar!

¡No nos quedemos a la defensiva!  

Andrei Kolesnikov, Corresponsal especial,  Editorial Kommersant.

Fuente: correo electrónico de Kommersant, 31 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino. El llamado signo duro, que los bolcheviques eliminaron del alfabeto cirílico ruso en 1918, ha sido el logotipo de Kommersant desde que el periódico fue relanzado en enero de 1990. Andrei Kolesnikov ha sido el corresponsal especial del medio en el Kremlin, es decir el jefe Putinversteher* del diario, por muchos años. Por supuesto, él lo negará cuando las cosas se pongan difíciles y Putin se marche, y dirá que ha sido siempre la forma cínica y jocosa, aunque siempre leal, en la que ha escrito acerca del dictador ruso y criminal de guerra durante todos estos años.   

* Término derivado del alemán versteher, persona con conocimiento de un tema en particular, usado aquí de forma peyorativa, algo así como un “Putinologo” en el peor sentido de la palabra.

Mal Hombre

Lydia Mendoza, “Mal Hombre” (1934)

Era yo una chiquilla todavÌa
Cuando tú, casualmente me encontraste
Y a merced de tus artes de mundano
De mi honra el perfume te llevaste
Lo hiciste con migo lo que todos
Los que son como tu con las mujeres
Por lo tanto no extrañes que yo ahora
En tu cara te diga lo que eres

Mal hombre.
Tan ruin es tu alma que no tiene nombre
Eres un canalla, eres un malvado
Eres un, mal hombre

A mi triste destino abandonada
Entablé fiera lucha con la vida
Ella recia y cruel me torturaba
Yo, mas débil, al fin caí vencida

Tu supiste a tiempo mi derrota
Mi espantoso calvario conociste
Te dijeron algunos que a salvarle
Y probando quien eres, te reiste

Mal hombre
Tan ruin es tu alma que no tiene nombre
Eres un canalla eres un malvado
Eres un, mal hombre

Poco tiempo después en el arroyo
Entre sombras mi vida dependÌa
Una noche con otra tú pasaste
Y al mirarme oí que te decía:
“¿Quien esa mujer, tú la conoces?”
Y a la vez, respondiste: “¡una cualquiera!”
Al oír de tus labios tal ultraje
Demostrabas también lo que tú eras

Mal hombre
Tan ruin es tu alma que no tiene nombre
Eres un canlla, eres un malvado
Eres un, mal hombre

Source: Musixmatch


Yesterday we learned from a forthcoming book by veteran journalist Bob Woodward that in 2020, while he was president, Trump secretly shipped Covid-19 testing equipment to Russian president Vladimir Putin for his own personal use at a time when Americans could not get it. To be clear, this equipment was not the swabs we now use at home, but appears to be what at the time was a new point-of-care machine from Abbott Laboratories that claimed to be the fastest way to test for Covid-19. 

Journalist Karly Kingsley points out that at the time, central lab testing to diagnose Covid-19 infections took a long time, causing infections to spread. Machines like Abbott’s were hard to get. Trump chose to send them to Putin—not to charge him for them, or to negotiate for the release of Paul Whelan and Trevor Reed, two Americans being held by Russia at the time and later released under the Biden administration, but to give them to him—rather than keeping them for Americans.

It’s hard to overstate just what an astonishing story this is. In 2016, Republicans stood firm against Putin and backed the arming of Ukraine to stand against Russia’s 2014 invasion of Crimea. But that summer, at Trump’s urging, the party changed its platform to weaken its support of Ukraine. In 2020, it appears, Trump chose to give lifesaving equipment to Putin rather than use it for Americans. And in 2024, Trump’s willingness to undermine the United States to cozy up to an adversary his own party stood against less than a decade ago does not appear to be a deal breaker for Republicans.

As Senator Chris Murphy (D-CT) put it: “What has this country come to if the revelation that Trump secretly sent COVID testing machines to Putin while thousands of Americans were dying, in part because of a shortage of testing machines here, doesn’t disqualify him to be President?” He continued: “Donald Trump helped keep Putin alive during the pandemic and let Americans die. This revelation is damning. It’s disqualifying. He cannot be President of the United States.” 

Increasingly, Trump’s behavior seems to parrot the dictators he appears to admire. 

After 60 Minutes called him out for breaking a fifty-year tradition of both candidates talking to 60 Minutes and backing out of an interview to which he had agreed, Trump today accused the producers of 60 Minutes of cutting Vice President Kamala Harris’s answers to make her look good. He suggested that such cuts were “illegal” and possibly “a major Campaign Finance violation” that “must be investigated, starting today!” “The public is owed a MAJOR AND IMMEDIATE APOLOGY!” he wrote. Trump is trying to cover for his own failure by attacking CBS in an echo of dictators determined to control the media.

In a post on his social media site tonight, Trump appears to have declined to appear at another presidential debate with Vice President Harris. After declaring he had won the previous debate with Harris and rehashing many of his grievances, he wrote: “THERE WILL BE NO REMATCH!”

As Beth Reinhard of the Washington Post recounted yesterday, a report from Senator Sheldon Whitehouse (D-RI), who sits on the Senate Judiciary Committee, revealed that the Trump White House prevented a real investigation into sexual misconduct allegations against Trump’s second Supreme Court nominee, Brett Kavanaugh. More than 4,500 calls and electronic messages about Kavanaugh sent to the FBI tip line went directly to the White House, where they were never investigated, and the FBI was told not to pursue corroborating evidence of the accusations by Christine Blasey Ford and Deborah Ramirez although lawyers for the women presented the names of dozens of people who could testify to the truth of their allegations.  

A number of senators said the lack of corroborating evidence convinced them to vote in favor of Kavanaugh’s confirmation. As Steve Benen of MSNBC recalled, Senator Susan Collins (R-ME) said at the time that it appeared to be “a very thorough investigation,” while the late Senator Dianne Feinstein (D-CA) said that the 2018 FBI report “looks to be a product of an incomplete investigation that was limited perhaps by the White House.”

After he left office, Trump told author Michael Wolff that he had gone to bat for Kavanaugh, saying: “I…fought like hell for Kavanaugh—and I saved his life, and I saved his career.” Kavanaugh was the crucial vote for Trump’s right-wing agenda, including ending the federal recognition of abortion rights by overturning the 1973 Roe v. Wade decision.

Ken Bensinger reported in the New York Times today that Trump’s team has refused to participate in preparations for a transition to a potential Trump presidency. Normally, the nonpartisan transition process, dictated by the Presidential Transition Act, has candidates setting up teams as much as six months before the election to begin vetting and hiring political appointees and working with the administration in office to make sure the agencies continue to run smoothly. 

With the election less than a month away, Trump has neither signed the required agreements nor signed the transition’s ethics plan that would require him to disclose private donors to the transition and limit them to contributions of no more than $5,000. Without that agreement, there are no limits to the money the Trump transition can take. Trump has also refused to sign an agreement with the White House requiring that anyone receiving classified information have a security clearance. Currently, his aides cannot review federal records.

Trump ignored the traditional transition period in 2016, cutting off communications with President Barack Obama’s team. He refused to allow incoming president Joe Biden access to federal agencies in 2020, hampering Biden’s ability to get his administration in place in a timely fashion. Now it’s possible that Trump sees no need for a normal transition because Project 2025, on which he appears to be relying, has been working on one for many months. 

It calls for him to fire most federal employees, reinstating the policy he started at the end of his term. To fill their positions, the Heritage Foundation has been vetting loyalists now for months, preparing a list of job candidates to put in place a new, right-wing agenda.  

Yesterday, on California’s KFI radio station, Trump told host John Kobylt that Tom Homan of Project 2025, who as director of U.S. Immigration and Customs Enforcement oversaw the family separation policy at the southern border, will be “coming on board” a new Trump administration. 

This afternoon, Trump told an audience in Scranton, Pennsylvania, that he expects to put former rival Vivek Ramaswamy into an important position in his administration. On October 7, 2024, Ramaswamy suggested on social media that he wants to get rid of Social Security and Medicare. He wrote: “Shut down the entitlement state & you solve most of the immigration problem right there. We need to man up & fix the root cause that draws migrants here in the first place: the welfare state. But no one seems to want to say that part out loud, because too many native-born Americans are addicted to it themselves.”

Trump has expressed frustration with the independence of the Federal Reserve, expressing a desire to make it answer to the president. In an interview with Barron’s, one of his advisors, Scott Bessent, has floated the idea of creating a shadow Fed chair until the term of the current chair, Jerome Powell, ends, thus undercutting him without facing a fight over firing the Fed chair. 

This agenda is not a popular one in the U.S., but Trump is getting a boost as Russian operatives work to swing downballot races toward the Republicans. In a briefing on Monday, October 7, experts from the Office of the Director of National Intelligence (ODNI) told reporters that China and Iran are trying to influence the upcoming election and that “Moscow is leveraging a wide range of influence actors in an effort to influence congressional races, particularly to encourage the U.S. public to oppose pro-Ukraine policies and politicians. Russian influence actors have planned, and likely created and disseminated, content, particularly over social media, intended to encourage the election of congressional candidates that Moscow assesses will oppose aid to Ukraine.”  

Russia, an ODNI spokesperson said, uses “influence-for-hire firms, or commercial firms with expertise in these type[s] of activities.” It also coopts “witting and unwitting Americans to work on Russia’s behalf,” to “launder their influence narratives through what are perceived as more authentic U.S. voices.” 

Not all of Trump’s supporters appear eager to stick around to see if Trump will win another term. Today news broke that Patrick M. Byrne, the former chief executive officer of OverStock, who became a fervent advocate of the idea that Trump was the true winner of the 2020 presidential election, has left the country, apparently permanently, to live in Dubai. Dominion Voting Systems is suing Byrne, as is President Biden’s son Hunter. The younger Biden sued Byrne for defamation last November after Byrne claimed Hunter Biden sought a bribe from Iran. 

In September, Biden’s lawyers were trying to schedule a date for Byrne’s deposition when his lawyer abruptly “claimed for the first time that Defendant has moved his residence to Dubai and if Plaintiff wanted to take his in-person deposition counsel would have to fly to Dubai to do so, to which Plaintiff responded with various related inquiries to try to resolve this matter and defense counsel stated Defendant would not be returning to the United States for the foreseeable future.” 

Byrne claimed to have fled the U.S. because the Venezuelan government has put a bounty on him, but as Biden’s lawyers note, “the Defendant’s truthfulness is directly at issue.” 

[…]

Source: Heather Cox Richardson, Letters from an American, 9 October 2024


Lydia Mendoza, interviewed by Professor Gene Bluestein and Professor Manuel Pena at CSU, Fresno, before performing “Mal hombre.” Courtesy of the UNC Chapel Hill Folk Archives.

I was but a young girl
when, by chance, you found me
and with your worldly charm
you crushed the flower of my innocence.
Then you treated me like all men
of your kind treat women,
so don’t be surprised now that when I tell you
to your face what you really are.

Bad man
your soul is so vile it has no name
you are despicable, you are evil,
you are a bad man.

Abandoned to a sad fate,
my life became a fierce struggle
suffering the harshness and cruelty of the world
I was weak and was defeated.
In time you learned of my downfall
how my life had become a road to hell.
Some people advised you, “You can help her,”
but being who you are, you just laughed.

Bad man
your soul is so vile it has no name
you are despicable, you are evil,
you are a bad man.

Shortly after in a gully
among shadows I defended my life.
One night you passed by with another woman
and on seeing me I heard her ask you:
Who is that woman? Do you know her?
And looking at me you answered: She’s a nobody
and when I heard adultery from your lips
you demonstrated again what you are.

Bad man
your soul is so vile it has no name
you are despicable, you are evil,
you are a bad man.

Source: “Tango in Mexico: Mal hombre (Bad man),” Tango Stories: Musical Secrets, 8 April 2020


Lydia Mendoza (May 31, 1916–December 20, 2007) was born in Houston, Texas, to musically inspired Mexican parents. During Mendoza’s first ten years the family migrated back and forth between Texas and the Mexican city of Monterrey in the state of Nuevo León, as part of her father’s work with the railroad. In the 1920s, when Lydia Mendoza’s father left the railroad, the Mendoza family eked out a living doing musical performance, first in the lower Rio Grande Valley, and then singing for pennies and nickels on the streets of downtown San Antonio, Texas. The ten year-old Lydia Mendoza began her recording career—singing and playing mandolin—in the 1920s and 1930s with the Mendoza family who recorded for the OKeh, Odeon, and Bluebird labels. As a teenager in 1934, Lydia Mendoza did her first solo recording. The recording she made that day was of the song “Mal hombre” (“Evil Man”), which she popularized, and which became closely identified with her throughout her long singing career. In her later years, she recorded with DLB Records (San Antonio) and, in 2001, issued her last concert recording as part of her published life story, Lydia Mendoza’s Life in Music.

Mendoza’s performance career stands as one of the longest in American music history, spanning from the 1920s to the 1980s when a stroke ended her performing life. Following upon her early success with “Mal hombre,” Mendoza continued to tour with her family as an itinerant performance unit that offered a variety of acts. They followed the agricultural labor routes where most of the Mexican American population worked: north to Michigan, back south to the Rio Grande Valley, later to California. Her closeness to her audiences earned her two epithets—“La cancionera de los pobres” (“The Singer of the Poor”) and “La alondra de la frontera” (“Lark of the Border”). As a grassroots idol, she was loved for her ability to articulate a working-class sentimiento (sentiment and sentience) through song and through the breathtaking visual spectacle of her flashy hand-sequined, hand-beaded performance attire whose symbolic designs announced her ancient cultural roots in the Americas. She publicly marked the enduring presence of indigenous Mexican culture even throughout historical periods (from the 1930s to the 1960s) in which public displays of Mexicanness targeted you for governmental harassment and/or deportation by Euro-American officials. Along the migrant agricultural worker routes, she affirmed and celebrated Mexicanness during those decades when eating establishments regularly featured signs that read “NO DOGS, NO MEXICANS.” Lydia Mendoza manifests the social powers of music: her natural speech-like voice, her striking physical presence, and her songs, so beloved among the communities she sang for, symbolically reclaimed and remapped a Mexican America. Mendoza always enacted a space of popular collective expression, an audible Mexican American homeland.

Throughout her performance career Lydia Mendoza adhered to the oral traditional practice of singing by popular demand: she sang what her audiences requested. That traditional practice meant that audience members called out each song and they tended to call out traditional songs associated both with that singer and with the broader norteño cultural matrix. The repertoire of songs was not unchanging, and “Mal hombre” is testament to that. Once Lydia Mendoza recorded the song—a song not originating in the US-Mexico borderlands, nor of a borderlands rhythmical style—audiences welcomed it into the changing body of “traditional songs.” Thus “Mal hombre,” whose rhythm and cadences mark its origins in distant Argentinian tango or milonga repertoires, became one of Lydia Mendoza’s signature songs; audiences requested it from her throughout her performance life. It should, however, be noted that in the course of the several decades of repeated performance, Mendoza indigenized the “foreign” rhythmed “Mal hombre” into the borderlands rhythms of the canción Mexicana. Still, after Mendoza’s performance life ended, “Mal hombre” also vanished from the borderlands circle of songs and has not been recorded by any borderlands singer since then.

“Mal hombre” was, from the onset, something of an anomaly within the Mexican borderlands musical landscape. The early sound media—recordings, radio, and later television—as well as the Euro-colonization process of the last 200 years, introduced music from far-flung places to the borderlands. There were various waves that swept through the Texas-Mexican landscape: tango, foxtrot, big band, polka, bolero, country, canción, cumbia, and more. The Mendoza family repertoire of recorded songs manifests that rich variety of song genres: ranging from the deeply rooted norteño song forms to the more fad-oriented recent arrivals. Along those same lines, Lydia Mendoza performed and recorded a rich variety of genres from the oral tradition accompanied by the full gamut of Mexican borderlands instrumentations—including the button-accordion conjunto, mariachi, guitar trio, and more. Yet Mendoza’s mainstay ultimately became her performance as a solo singer self-accompanied with her 12-string guitar.

Mendoza notably self-designated as a “norteña” (a Northerner) and as a “Mexicana,” marking her musical cultural geo-regional roots as spanning not only the northern Mexican states of Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Sonora, and Chihuahua, but also what was, until 1848, the northern half of Mexico, today’s southwest United States. As a mature artist, the mainstays of her song repertoire were the hugely popular canción ranchera (ranch song) and corridos (narrative ballads). The canción ranchera genre represents an evolution of the older Mexican canción. In the ranchera evolution, the love song often tends to be infused with imagery, customs, and symbols from the deep cultural matrix of Mesoamerica. During her last concert tour in 1986-87, Mendoza sang almost exclusively rancheras and corridos. She offered for sale her most recent cassette recording “Corridos,” which included, for example, “The Ballad of Joaquín Murrieta” (1829–1853). That corrido (narrative ballad) recounts the heroic acts of an iconic California freedom fighter that organized an army to protect Indians and Mexicans against the Gold Rush invasion. There is some common ground between such historic narrative ballads and the appeal of “Mal hombre”: they are songs from underdogs who face powerful odds against them. Singers such as Lydia Mendoza carried the voices of underdogs and thus impart the life lessons they embody.

“Mal hombre” (“Evil Man”) offers a life narrative in the voice of a woman underdog who at a very young age is seduced by an evil man’s “worldly arts.” The narrative voice in the song describes various stages of sexual exploitation: her seduction as a young girl, her abandonment by the lover, her life-and-death struggle, and her eventual downfall. The song’s popularity can only be understood in the context of the rampant sexual violence inherent of our patriarchal society institutionalized since colonialism. One of “Mal hombre’s” most notable features, however, is its beautiful poetics. No sexual act is described per se. Nor does the narrator offer any realism-based specifics of her demise. In the song, a great deal is left to the listener’s imagination, such as when she references “mi espantoso calvario” (“my horrific cavalry”). The female narrative voice of “Mal hombre” embodies a protracted life struggle, a feature shared by many classical corrido underdog heroes. The redemptive quality of this song, however, has to do with the victim rising to sing, with her strong indictment of the Evil Man, and with the fact that she has the last word in the matter, hurling loaded terms at the Evil Man with this refrain:

Tan ruin es tu alma

que no tiene nombre

Eres un canalla

Eres un malvado

Eres un mal hombre

Your soul is so vile

It is deplorable.

You are a scoundrel

You are a malicious man

You are an evil man

Through songs such as “Mal hombre,” Lydia Mendoza defies the subordination of women of color. She takes a womanist self-affirming stance in a number of her signature songs, such as “Mujer paseada” (“Experienced Woman”) or “Celosa” (“Jealous Woman”). Mendoza’s traditional corridos similarly praise the deeds of collectively cherished and remembered anti-colonial historical figures omitted from mainstream history books. At all times, Lydia Mendoza expressed in song her existential ties to her people.

In 1982, Mendoza became the first Texan named a NEA National Heritage Fellow. She performed for President Jimmy Carter at the Kennedy Center in Washington in 1975. She was inducted into the Tejano Music Hall of Fame in 1984 and into the Conjunto Music Hall of Fame in 1991. In 1999, she received the National Medal of the Arts from President Clinton. Lydia Mendoza passed away on December 20, 2007, at the age of 91.

Yolanda Broyles-González is appointed University Distinguished Scholar at Kansas State University where she serves as head of the American Ethnic Studies Department. She is a Yaqui elder of the Tucson, Arizona Barrio Libre tribal community. Her book publications include El Teatro Campesino: Theater in the Chicano Movement (UT Press); Lydia Mendoza’s Life in Music/La Historia de Lydia Mendoza (Oxford); and Earth Wisdom: California Chumash Woman (Univ. of Arizona Press).

Source: Library of Congress. Image courtesy of Wednesday’s Women

Yulia Tsvetkova: “Cuando empezamos a tocar temas relacionados con el feminismo o LGBT inició un tsunami de odio y amenazas”

 

La activista feminista rusa Yulia Tsvetkova. Foto: Cedida por Yulia Tsvetkova.

Yulia Tsvetkova: “Cuando empezamos a tocar temas relacionados con el feminismo o LGBT inició un tsunami de odio y amenazas”
Jose Ángel Sánchez Rocamora y Alona Malakhaeva
El Salto
11 septembre 2020

Yulia Tsvetkova, profesora de arte, feminista y defensora del colectivo LGBTI de una ciudad pequeña de Rusia ha sido acusada de delitos penales al publicar dibujos reivindicativos calificados de “pornografía y propaganda de relaciones sexuales no tradicionales entre menores”. Su caso es un ejemplo mas de la represión y los constantes montajes jurídicos del gobierno ruso contra las activistas. Actualmente se encuentra a la espera de distintos juicios por los que la acusación pública le pide más de siete años de prisión.

Mientras la entrevistamos nos cuenta que le han obligado ha firmar una clausura de no divulgación de información sobre el desarrollo de la investigación judicial por lo que no hemos podido hacerle más preguntas al respecto.

Te han abierto diligencias penales por “distribución de material pornográfico” sobre tu grupo de la red social VK “Los monólogos de la vagina”, pero realmente, ¿qué contenido tenía el grupo?

Toda la historia alrededor de este grupo está llena de mitos. En el grupo publicaba imágenes artísticas con alusiones a órganos femeninos, además no son mis dibujos: son obras de diferentes artistas, en su mayoría mujeres, a veces muy famosas, de todo el mundo. El grupo existió durante un año y medio y tenía 100 suscriptoras, lo había creado después de leer la obra de teatro, me sentí muy identificada porque también he sido víctima de violencia sexual. Así que decidí sacarlo a nivel informativo para compartir con los demás.

Ahora tus dibujos del proyecto “La mujer no es una muñeca” se han vuelto famosos, incluso fuera del país, ¿pensabas que iban a provocar tanta reacción en Rusia?

Sinceramente era un proyecto muy pasajero, ni siquiera lo consideraba como tal. Son una serie de bocetos rápidos sobre el tema body positive, movimiento para la aceptación del cuerpo, que publiqué en mi perfil de VK. ¿Por qué provocaron tanta reacción en Rusia? No lo sé. Los han enviado dos veces al peritaje para confirmar que contenían elementos pornográficos.

El peritaje oficial es un proceso muy complejo, burocráticamente complicado y costoso. El dinero para realizar este peritaje proviene del presupuesto estatal, de nuestros impuestos. Y todo por seis dibujos tan simples. Tengo otros proyectos artísticos mucho más importantes. Así que tanta atención hacia estos dibujos significa que es un tema muy sensible ahora en Rusia. Yo lo relaciono con la educación cultural y social en Rusia. Si una persona conoce por lo menos algo de historia de arte, ha visto algunos cuadros, ha visitado museos, es difícil que le indigne que el cuerpo humano esté desnudo o no, porque el arte se basa en él, aparte de otras cosas. Pero si uno vive en Komsomolsk del Amur, donde sólo tenemos un museo dedicado a los exploradores y colonos de la taiga, ¿de dónde va a sacar esta visión de la belleza y normalización del cuerpo?

Los investigadores, los policías, los jueces, los administradores en su mayoría son hombres que están acostumbrados a la percepción sexualizada del cuerpo femenino. Vas por la calle y ves un montón de publicidad con mujeres semidesnudas, con eslóganes sexistas, una publicidad que están prohibiendo ya en muchos países, pero en Rusia no. Para ellos es algo “normal” ya que están acostumbrados a ver el cuerpo de esta manera. Luego ven mis dibujos y ven un cuerpo que no está para su consumo entonces lo entienden como un desafío contra su normalidad, por eso lo ven como pornografía. Otro objetivo podría consistir en incriminarme un delito vergonzoso para darme una mala imagen a pesar de que saben perfectamente que mis dibujos no contienen pornografía.

Actualmente, ¿qué investigaciones hay en contra tuyo y qué delitos supondrían?

Una investigación penal sobre “pornografía” y varias investigaciones administrativas por propaganda de valores no tradicionales entre menores de edad. Algunos de los dibujos son de apoyo a familias diversas, incluso varios de estos no son míos, es por publicarlos en mi perfil de VK. Ya he pagado dos multas de 100.000 rublos en total, aproximadamente 1.200 euros. Aunque creo que las administrativas sirven más para alimentar la acusación penal porque cuentan como agravante para el juez, o sea para atestiguar que soy reincidente múltiple. En realidad, debería de haber más investigaciones contra mí, porque hubo más denuncias, tres o cuatro sobre extremismo, propaganda y pornografía, pero menos mal no han prosperado.

“Las mujeres no son muñecas”, dibujos de Yulia denunciados por contener pornografía.

Komsomolsk del Amur es una ciudad pequeña de 270.000 habitantes donde promover iniciativas sociales es muy distinto en comparación con Moscú o San Petersburgo, a parte del activismo en redes sociales ¿realizabas otro tipo de actividades sociales donde también hubo represión?

Sí, principalmente en el arte comunitario y mi objetivo siempre fue hacer algo al respecto en mi ciudad. Es verdad que hay mucha diferencia entre Moscú y Komsomolsk del Amur: ésta es una cuidad lejana, aislada, rodeada de taiga donde sólo hay una carretera que acaba en Komsomolsk y tardas seis horas para llegar hasta el aeropuerto mas cercano. Aquí no hay ninguna organización social ni activismo de ningún tipo. El principal problema es la fuga de la juventud, es decir, los que pueden irse, se van, la juventud, la gente que tiene un pensamiento más crítico o que tiene ideas más allá de lo tradicional. La mayoría vive pensando que en Komsomolsk no se puede hacer nada. Es el pensamiento que yo quise cambiar, así es como surgieron talleres feministas, el teatro activista “Merak” y el centro social comunitario. Es decir todo lo que hicimos tenia implícito el mensaje de “¿por qué no?”. ¿Quién dijo que por ser una ciudad pequeña no se necesita un espacio comunitario? Al revés, es muy necesario.

Estos proyectos sociales los montaba yo sola o con la ayuda de mi madre y con un colectivo de niñas, niños y adolescentes de unos 12-17 años. Eran actividades teatrales, de ecología o de urbanismo social, por ejemplo, hicimos unas esculturas que llamaban la atención al problema de la contaminación en la ciudad, casi todo era educativo, era el único espacio social que había. También teníamos programas dirigidos a la orientación laboral. Dedicábamos mucho tiempo al arte, exposiciones, ferias, expresión artística, todo por supuesto desde una lógica asamblearia y autogestionada, el centro funcionó durante casi dos años incluso un par de meses después de la apertura de las investigaciones penales contra mí.

¿Cómo fue recibida la iniciativa de crear el centro social?

La primera reacción fue muy positiva porque tenía el apoyo de mi madre que llevaba más de 20 años trabajando en un centro educativo. Es decir, tenía personas que me apoyaban y que tenían una visión más abierta. El teatro, por ejemplo, arrancó muy rápido, enseguida hicimos espectáculos en el teatro municipal, el mayor escenario de la ciudad. Los medios de comunicación hablaban muy bien de nosotras, como la ciudad es muy pequeña, cualquier actividad distinta llama mucho la atención, así que en un par de meses empezó a seguirnos mucha gente.

Más tarde empezamos a tocar temas relacionados con el feminismo o LGBTI, esto provocó un tsunami de odio y amenazas tanto en redes sociales como en persona, un ejemplo fue cuando intentamos hacer la primera cafeta feminista no mixta, sobre todo por el anuncio que ponía que la entrada era únicamente para mujeres, que es lógico en este tipo de eventos.

Las principales dificultades comenzaron con el festival de teatro “Flor de Azafrán” que organizaste, en concreto por uno de los espectáculos llamado “Rosas y Azules”. ¿Qué es lo que sucedió?

Es cierto que los problemas empezaron por el festival, a pesar de que no sabemos exactamente qué sirvió de detonador para todo el escándalo, ya que teníamos varios espectáculos que tocaban temas sociales como la obra sobre los estereotipos de género que por casualidad se llamaba “Rosas y Azules” (en ruso estos colores aparte de ser colores esteriotípicos de los dos géneros son eufemismos para las palabras “lesbiana” y “gay”), o el que tenía un mensaje antimilitarista donde se dejaba claro que el eslogan oficial “¡Podemos repetir!” del día de la Victoria en la segunda guerra mundial (una de las fiestas principales en Rusia) es totalmente nefasto ya que representa la guerra como algo deseable.

El antimilitarismo siempre era y sigue siendo uno de los temas principales del centro social comunitario.

Komsomolsk fue la capital del Gulag en el Lejano Oriente. Es la mayor parte de la historia de toda la ciudad, pero respecto a esto hay un problema con la memoria histórica, todos fingen que aquí no ha pasado nada. Entonces me sigo preguntando ¿cuál es la obra que les pareció más peligrosa? ¿Una conversación sobre el autoconocimiento o una reflexión sobre la paz y la no violencia? A lo mejor las dos cosas juntas. Puede ser que les haya asustado el hecho de que hubiéramos tenido esta iniciativa, incluso en la administración cuando me reprendieron sobre lo ocurrido, me preguntaron justo eso, ¿para qué había que organizar nada? Pero sí, puedo afirmar que este ha sido el punto de no retorno, a partir de aquel momento me llaman para que acuda a la comisaría cada dos por tres aunque lo que más me ha indignado fue cuando los policías empezaron a hacer preguntas a las y los niños del teatro.

Después de todo lo ocurrido aún hay personas que todavía me siguen apoyando mucho pero también hay otras que repiten la opinión de la mayoría y si la sociedad nos juzga por lo que hacemos ellas también estarán en contra. Por otro lado la censura es muy fuerte y la opinión pública se somete mucho a la opinión del gobierno.

Un día entraron al instituto, sacaron a una niña de su clase y la interrogaron entre cinco personas durante tres horas, amenazando con qué no iba a acabar la secundaria, le preguntaron sobre LGBT y feminismo, a los demás niños les pasó lo mismo.

¿Cómo interrogaron a menores de edad?

Sin ninguna denuncia, sin orden judicial, fue completamente ilegal, ni siquiera tenían el consentimiento de los padres. Un día entraron al instituto, sacaron a una niña de su clase y la interrogaron entre cinco personas durante tres horas, la tenían sin comida, sin poder llamar a sus padres, amenazando con qué no iba a acabar la secundaria, le preguntaron sobre LGBT y feminismo, a los demás niños les pasó lo mismo, la mitad de ellos escucharon por primera vez esta abreviatura. Al final hicimos el festival cerrado para los padres donde grabamos un vídeo y luego lo mostrábamos en otros festivales o centros sociales de Rusia. A pesar de que lo hicimos así, la policía apareció en las presentaciones por las denuncias de los homófobos, para buscar a menores de edad, a pesar de que los eventos eran para mayores de 18 años.

¿Quienes te han amenazado?

Muchas veces Timur Bulatov (uno de los mayores activistas homofóbos de Rusia que trabaja en la creación de denuncias falsas y montajes judiciales, autoproclamado “yihadista moral” y creador de la página “LGBT CRIMINAL” donde publica datos personales de activistas), SERB (colectivo de ideología nazi ruso-ucraniano), PILA, (organización de “cazadores” LGBT, presuntos asesinos de la activista Yelena Grigórieva) y el Estado Masculino (organización nacionalista y misógina).

¿Has tenido apoyos en Rusia?

Sí, he tenido muchos, sobre todo del Centro Social LGBT de Moscú, la Red LGBT Rusa, la organización social Costillas de Eva y la de memoria histórica, “Memorial”, me ha reconocido como presa política. También Amnistía Internacional me ha dado mucho apoyo mediático y me han concedido el premio Freedom of Expression de Index on Censorship, cuando estaba bajo arresto domiciliario, esto tuvo mucho significado porque la otra vez que lo dieron en Rusia fue a la periodista asesinada Anna Politkóvskaya. Aunque para mí el más importante ha sido el de activistas independientes, ya que en Rusia manifestarte sola es muy peligroso a pesar de que es legal, de hecho, la única forma legal de manifestarse es individualmente.

Otra de las formas de solidaridad han sido las campañas mediáticas en redes sociales, algo totalmente nuevo para Rusia, en donde he podido ver no sólo como me apoyaban, sino como repetían mis ideas sobre body positive, feminismo o LGTB. Hace dos años no me habría podido imaginar que se hablara a nivel nacional tanto sobre esos temas y que no fuera para juzgarlo o condenarlo. Hay que tener mucho coraje para organizarlo porque pronunciarse a favor es muy peligroso, durante la manifestaciones en contra de mi proceso judicial aparecieron miembros del grupo homófobo ultraortodoxo “Sórok sorokov” y atacaron e insultaron a las feministas, la policía en vez de detenerlos o impedir la violencia detuvo a todas las mujeres que se estaban manifestando. La violencia policial aquel día sorprendió hasta a las activistas más experimentadas.

¿Cuáles son tus expectativas de cara al futuro?

Todos esperan algo de mí, pero yo ya no espero nada. En este sentido me siento muy pragmática ahora, estoy preparando mi defensa en el juicio, intentando mantener las emociones al margen. Sé que es importante seguir hablando de mi situación para demostrar cuánto falta hacer todavía respecto a la aceptación del cuerpo femenino y a la libertad de sexualidad de las mujeres. Es importante que se sepa que un país que se supone que es democrático, está dispuesto a encarcelar a una mujer por aceptar su cuerpo. Ésta ya es una pequeña pero gran victoria, sobre todo que la gente entienda que no son temas vergonzosos y sucios, que el cuerpo de una no es pornografía.

Gracias a Maria Mila por publicar este artículo en Facebook. // TRR

Un exiliado en Rusia

In 1973, 16-year-old Víctor Yáñez travels from his home in Chile to the former USSR to study agriculture. But when a military coup strikes at home, he’s stranded in Communist Russia . . . for the rest of his life.

Transcript

Martina: It was the fall of 1988, when Víctor Yáñez found himself listening to his radio in secret. In a tiny Russian town 2,000 miles from Moscow, Víctor and his friends were listening to one of the few American radio stations to reach the Soviet Union. Finally, the piece of news they were waiting for: the referendum in Chile.

Víctor: En la Unión Soviética no se hablaba de Chile porque era una dictadura de derecha. Los periódicos extranjeros estaban prohibidos. Era el año 1988 y todavía no había internet. Si querías saber de Chile, tenía que ser en secreto. Fue así como me enteré del referéndum.

Martina: When the results came in, Víctor was stunned. Through the static, he learned that 54% of Chileans had voted General Augusto Pinochet out of power. The dictatorship was falling. Although Víctor lived half a world away, the results had huge implications for him. As a Chilean, he would finally be able to go home.

Víctor: Yo había llegado a Rusia quince años antes, en un viaje de estudios durante el gobierno de Salvador Allende. Cuando empezó la dictadura de Pinochet, ya no pude volver a mi país. Yo había vivido la mitad de mi vida en Rusia, sabía muy poco de Chile y estaba lejos de mi familia. Ahora iba a tener la oportunidad de volver a casa, pero yo tenía una duda: “¿Cuál era mi país en realidad?”.

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