El lector ruso: El espíritu del año nuevo


“Devuelve el espíritu del año nuevo”: Igor Stomajin, Moscú, 2024

Fiel a su naturaleza vanguardista, el Noise Cabaret estrena, el 25 de diciembre, la serie inmersiva Diálogos, basada en la obra filosófica de Platón. Aleksander Judiakov transforma la antigua filosofía griega en una animada, ingeniosa y provocativa charla con la audiencia. 

Junto a su compañero, Ivan Wahlberg, Judiakov, quien no sólo actúa sino que también dirige el proyecto, guiará a la audiencia a través del laberíntico  pensamiento de Platón: ¿qué es la justicia?, ¿dónde está la línea entre lo existente y lo no existente?, ¿cuál es la naturaleza del amor? Estas y muchas otras fundamentales preguntas filosóficas servirán de punto de partida para reflexionar y debatir. 

Diálogos es una serie de performances interactivas en la que cada espectador toma parte en discusiones filosóficas que consisten en textos de Platón adaptados e improvisados de forma histriónica, lo que significa que el desarrollo de la sesión depende de la participación de la audiencia. Cada nueva performance es un capítulo aparte que trata un problema filosófico específico, de forma que el espectador puede unirse a la serie en cualquier momento. El primer episodio está dedicado al concepto de la justicia.   

El Noise Cabaret planea invitar a celebridades de San Petersburgo para enriquecer la conversación con la audiencia con sus propias opiniones y perspectivas. 

Judiakov ha compartido la idea básica del proyecto:

“Quisimos crear una historia acerca de gente que conversa en un bar. Pero, gente que habla sólo entre ellos no es interesante, tiene que haber algo primordial. Cuando estudié a Platón, me interesé en muchos aspectos de su filosofía, sería un error limitarnos a un solo tópico. Así nació la idea de crear una serie: tomar a Platón, leerle y discutir los temas que él refiere en los diálogos socráticos. 

Planeamos producir una nueva sesión cada dos o tres meses. No pretendemos ser estudiosos serios de la filosofía platónica, sino que esta es más bien una excusa para hablar con el público acerca de temas difíciles, exponer los Diálogos y reflexionar acerca de estos. Y un bar es un lugar donde podemos hablar de todo tipo de cosas, incluso de filosofía”.

Fuente: Fontanka.ru, 23 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino.


Los rusos han gastado casi 6 000 millones de rublos en Ozempic genéricos el 2024

Los medicamentos basados en semaglutida se usan habitualmente para perder peso. 

En los primeros diez meses del 2024, los rusos gastaron 5,9 000 millones de rublos (aproximadamente 52 000 millones de euros) en más de un millón de envases de versiones genéricas del medicamento Ozempic (semaglutido), de acuerdo al DSM Group, según un reporte de Vedomosti.

Entre los genéricos más populares se encuentran el Semavic de Geropharm y el Quincenta de Promomed. El Ozempic original dejó de exportarse a Rusia en diciembre del 2023, abriendo el mercado a otros equivalentes locales. 

2024 ha sido un año récord para medicamentos en esta categoría. En comparación, el 2023 los rusos gastaron sólo 297 millones de rublos en Ozempic al adquirir 20 mil dosis. El 2022 gastaron 1,9 mil millones de rublos (en 256 mil dosis); el 2021, 758 millones de rublos; y el 2020, 76 millones de rublos.

Los medicamentos basados en la semaglutida son usados en el tratamiento de diabetes, pero recientemente han ganado popularidad como fármacos  adelgazantes, lo que ha contribuido a su crecimiento de ventas en Rusia.  

Fuente: ASTV.ru, 21 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino.


La ciudad de San Petersburgo inaugurará una nueva estación de metro esta semana. Así lo anunció, el jueves, el gobernador Alexander Beglov, en la que será la primera estación de metro en abrir en cinco años.

La estación Gorny Institute de la isla Vasílievski, extenderá la cuarta línea (naranja) hacia el oeste. Esta comenzará a operar el viernes (27 de diciembre) a las 9 de la mañana, cuando su vestíbulo se abra tanto al ingreso como a la salida, dijo Beglov.

“La apertura de la estación Gorny Institute es un hito”, escribió el gobernador en Telegram, haciendo notar que la ciudad ha superado “retos importantes” durante la construcción de la misma.

Beglov agradeció al presidente Vladimir Putin, a los constructores del metro, a ingenieros y residentes de San Petersburgo por su paciencia y apoyo, calificando la finalización de la estación el “primer resultado” de los constantes esfuerzos para mejorar el sistema de metro urbano.

La inauguración de la estación se produce tras años de retrasos. Inicialmente programada para el 2015, su apertura se pospuso primero al 2018 y luego al 2022. El trabajo de construcción fue empañado por la fatal caída de un andamio en junio del 2020, incidente en el que falleció un trabajador y otro resultó herido.   

Gorny Institute es la primera estación en abrir desde el 2019, cuando otras tres estaciones, Prospect Slavy, Dunayskaya y Shushary fueron inauguradas.

El metro de San Petersburgo está compuesto en la actualidad por cinco líneas y 72 estaciones. Sin embargo, su expansión se ha ralentizado con el tiempo, en claro contraste con el pujante sistema de metro de Moscú, que este último año inauguró ocho nuevas estaciones.  

Fuente: Moscow Times, 26 de diciembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


Al tratar de comprender la tonalidad del film (Anora), se me viene a la memoria una frase de Francis Bacon: “Uno puede ser optimista y no tener esperanza alguna”. La situación en la que los protagonistas se ven envueltos, a merced de los ricos, es totalmente desesperanzadora. La versión optimista del guión mostraría a un Vanya que encararía a sus padres para huir con Ani, aún cuando así perdiera su fortuna –lo que constituye la trampa de la película. O quizás, la madre despiadada y capitalista podría sentir respeto a regañadientes por su tenaz nuera, como ocurrió en la última temporada de Fargo. Aún con su siniestro  desenlace, la impresión que deja la película  se aleja de lo penoso o pesimista. El optimismo desesperanzado del cine de Baker se sostiene en lo extraordinario de la vida que parece escapar de la pantalla y, especialmente, su cuidado por los personajes, incluso Vanya.  

Fuente: Aaron Schuster, “The Ethical Dignity of Anora,” e-flux Notes, 20 de noviembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


Durante el otoño del 2023, con el objeto de entender qué ocurre con la sociedad rusa en tiempos de guerra, el equipo del Laboratorio Sociológico Público (Public Sociology Laboratory en inglés) realizó una serie de viajes de investigación etnográfica a tres regiones rusas: Sverdlovsk, Krasnodar y Buriatia. En el transcurso de un mes los investigadores del Laboratorio observaron cómo la gente aborda el tema de la guerra y sus efectos en la vida diaria de pueblos y ciudades. Grabaron también  entrevistas sociológicas con residentes locales. El Laboratorio ha compilado tres detallados diarios de observación (de más de 100 mil palabras cada uno) y ha conducido 75 entrevistas exhaustivas. Más importante aún, ha recolectado datos realmente invaluables que proporcionan una idea de lo que dice y piensa la gente acerca de la guerra en su vida cotidiana, más allá de sus respuestas a las interrogantes de los investigadores.  

El texto completo del reporte es de la envergadura de un libro, escrito también como uno: en siete capítulos se introducen  muchos personajes, permitiendo así a los lectores sumergirse por completo en los tiempos de la guerra contemporánea en Rusia. El siguiente sumario destaca las principales conclusiones del análisis.

●      La sociedad rusa permanece políticamente desmovilizada y sin ideología. Aún cuando predomina la opinión de que es una sociedad estrictamente militarizada, vemos que la guerra se ha convertido en una rutina y por ende en una parte ignorada de la realidad. Por ejemplo, comparado con el primer año del conflicto, la cantidad de simbología a favor de la guerra en espacios públicos ha disminuido en las tres regiones. La guerra no se ha convertido ni en fuente de nuevas ideas en la vida cultural de pueblos y ciudades ni se ha integrado en el ámbito familiar o en el ámbito cultural establecido. La guerra no se discute en espacios públicos, incluso, salvo raras excepciones, en comunidades locales en línea.    

●      En conversaciones espontáneas, los rusos raramente discuten los objetivos generales, causas, criminalidad o justificaciones de la guerra. Están más preocupados por el impacto del conflicto en sus vidas cotidianas. Cuando hablan acerca de la guerra, usualmente vuelven sobre tópicos que ya discutían antes de la conflagración, por ejemplo, problemas cotidianos, dinero o ética. Los hombres discuten más a menudo temas que son considerados “masculinos” en la sociedad, como aspectos técnicos de la guerra; mientras las mujeres se dedican a temas más “femeninos” como el efecto destructor del conflicto en las familias.

●      La participación de diversos tipos de voluntariado a favor de la guerra y asistencia organizada a la milicia, que generalmente es tomada como referencia y ejemplo de la movilización y militarización de la sociedad rusa, raramente está  motivada por un firme aval del público a la “operación especial”. Está, más bien, asociada con la presión de la administración, las normas morales de la comunidad (sobre el apoyo mutuo) y/o por el deseo de ayudar a sus seres queridos, en lugar del deseo de propiciar una victoria rusa. La observación de actividades de voluntarios muestra que estos no discuten de guerra o política en el trabajo, sino que prefieren temas  con los que pueden relacionarse personalmente: precios, pensiones, familias y/o historias vinculadas a centros voluntarios. 

●      A pesar de todas las similitudes, la guerra es percibida de forma diferente en diferentes regiones. Las peculiaridades de la perspectiva  de cada región se debe a factores como el número de unidades militares y colonias penitenciarias desde donde se reclutan presos, la proximidad a la zona de combate, la prosperidad de la región y el acceso a puestos de trabajo decentes, la compenetración de los lazos sociales, la circulación de noticias que llegan de amistades en el frente de batalla, etc. En otras palabras, las diferencias en las percepciones de la guerra pueden atribuirse principalmente a las peculiaridades de la vida en las regiones previas a la invasión rusa de Ucrania.

●      El conflicto entre opositores y simpatizantes de la guerra está perdiendo fuerza gradualmente, mientras el cisma entre aquellos que permanecen en Rusia y quienes se marcharon crece. Ambos casos se dan porque la experiencia compartida de vivir a través de una situación difícil dentro del país se está convirtiendo en algo más importante que cualquier diferencia de puntos de vista para muchos rusos y también porque la gente discute cada vez menos acerca de la guerra.

●      Al mismo tiempo, el menguante conflicto entre opositores y simpatizantes de la guerra no siempre implica una mayor cohesión social. Ya que la sociedad está intentando vivir como si la guerra no estuviera ocurriendo y el gobierno no menciona ninguna pérdida o problema relacionado con la guerra, todas las consecuencias negativas del conflicto se han normalizado o han sido apartados al ámbito de los “problemas personales” que no son discutidos con otros y que todos deben lidiar por sí mismos.

●      En general, muchos no se sienten capaces de influir en las decisiones políticas. Por consiguiente, se distancian cada vez más de la guerra. Ellos entienden que no pueden cambiar la política del gobierno pero retienen, al menos, algún control sobre sus vidas privadas, por lo que se refugian en estas. Con el tiempo, no solo los rusos apolíticos sino incluso opositores declarados de la invasión  sienten esta impotencia y, como resultado, algunos de ellos aceptan la nueva realidad, mientras siguen condenando la guerra para sus adentros.  

●      Consecuentemente, muchos rusos desconfían cada vez más de noticias políticas provenientes de un rango diverso de fuentes. En cambio ponen su confianza en medios locales. Los problemas locales en las noticias les parecen más importantes y relevantes. Más aún, sienten que, a diferencia de la guerra, al menos tienen la capacidad de influenciar en asuntos locales. 

●      Al mismo tiempo, la guerra está influyendo en el estado emocional de la gente. Muchos de nuestros interlocutores admiten haber experimentado ansiedad, tensión, incertidumbre, miedo incluso cuando no hablan de estas emociones  abiertamente. La partida de hijos y maridos a la guerra hace que las mujeres “griten a todo pulmón”. Sin embargo, raramente comparten estos sentimientos con otros y si lo hacen es en círculos de amistades cercanas. 

●      Muchos rusos sin interés en la política pueden justificar o condenar la guerra dependiendo del contexto comunicativo.

  1. Tienden a justificar la guerra de forma no emocional a través de la normalización (“siempre ha habido guerras”) o la racionalización (“era necesario”) cuando se les pregunta directamente en contextos formales como en las entrevistas de investigación.
  2. Tienden más a criticar la guerra cuando se les sugiere pensar en los efectos negativos de esta sobre la gente ordinaria. Este criticismo difiere del de los opositores al conflicto. Para los opositores, la guerra es un crimen moral contra Ucrania, mientras que para los rusos apolíticos, la guerra es vista como algo que destruye la sociedad rusa y daña a la gente común. Sin embargo, este criticismo no lleva a los rusos apolíticos a cuestionarse la necesidad o inevitabilidad de la guerra ni a extender sus críticas hacia el gobierno.
  3. Tienden a justificar la guerra emocionalmente cuando son confrontados con narrativas tradicionales contrarias al conflicto. Cuando Rusia es acusada de cometer crímenes morales contra la gente de Ucrania, suelen tomar tales acusaciones de manera  personal e intentan defender su propia dignidad.

Algunos experimentan un fortalecimiento del sentimiento de identidad nacional y, a veces, esto incrementa la demanda de una mayor solidaridad. Es importante dejar constancia que este incremento de la identidad nacional no guía a los rusos a adoptar el signo imperial del nacionalismo. A diferencia del Kremlin, la gente común y corriente vive en un mundo de estados-nación, no en un mundo de fantasías imperiales (según estas fantasías, Ucrania no es un estado real y los ucranianos son gente inferior). 

Una sensación de duda es lo que realmente une a los rusos hoy en día. A pesar de que la gente usa diferentes estrategias para hacer frente a esa sensación, esta complica significativamente la habilidad de planificar sus vidas y hunde a los rusos en el pesimismo.

Así, por una parte, lo que antes era la  naturaleza singular de la guerra, está dando paso a la normalización: gradualmente la guerra se está convirtiendo en algo ordinario, un elemento más del mundo que les rodea. De alguna manera, muchos rusos se resisten a los intentos del Kremlin de convertir ciudadanos ordinarios en partidarios ideológicos y a los intentos de la oposición liberal, que se manifiesta contra la guerra, de forzar a la sociedad a experimentar un sentimiento de culpa y participación activa. Por otra parte, la guerra constantemente nos recuerda su presencia al crear nuevas amenazas, nuevas ansiedades y nuevas razones para tener a los rusos descontentos.

Fuente: Public Sociology Laboratory (Programa ruso), diciembre del 2024. Traducción al español por Hugo Palomino para The Russian Reader.


¡Queridos lectores!

Estos tiempos son difíciles, la clave en este caso es persistir en todo sentido.

Nadie dijo que fuese sencillo.

Pero no es tan duro tampoco.

El otro día le pregunté a Vladimir Putin si él esperaba algo más de sí mismo en el año que acababa.

Pero quiero preguntarte, lector, ¿esperas algo más de ti mismo el año que viene?

Necesitamos esperar algo. Necesitamos querer algo. Es una forma de aferrarnos a nosotros mismos. De cuidar de nosotros mismos. Incluso de encontrarnos a nosotros mismos.

¡Un signo duro (“Ъ”) nunca será un signo blando (“Ь”)!

¡Feliz nuevo año por llegar!

¡No nos quedemos a la defensiva!  

Andrei Kolesnikov, Corresponsal especial,  Editorial Kommersant.

Fuente: correo electrónico de Kommersant, 31 de diciembre del 2024. Traducción original The Russian Reader. Traducción al español por Hugo Palomino. El llamado signo duro, que los bolcheviques eliminaron del alfabeto cirílico ruso en 1918, ha sido el logotipo de Kommersant desde que el periódico fue relanzado en enero de 1990. Andrei Kolesnikov ha sido el corresponsal especial del medio en el Kremlin, es decir el jefe Putinversteher* del diario, por muchos años. Por supuesto, él lo negará cuando las cosas se pongan difíciles y Putin se marche, y dirá que ha sido siempre la forma cínica y jocosa, aunque siempre leal, en la que ha escrito acerca del dictador ruso y criminal de guerra durante todos estos años.   

* Término derivado del alemán versteher, persona con conocimiento de un tema en particular, usado aquí de forma peyorativa, algo así como un “Putinologo” en el peor sentido de la palabra.

Thе New Year Spirit


Faithful to its avant-garde nature, Noise Cabaret premieres the immersive series Dialogues, based on the philosophical works of Plato, on December 25. Alexander Khudyakov turns ancient Greek philosophy into a lively, witty and provocative dialogue with the audience.

Along with his partner Ivan Wahlberg, Khudyakov, who not only acts in the project but directs it, will guide the audience through the labyrinths of Plato’s thought. What is justice? Where is the line between existence and non-existence? What is the true nature of love? These and many other fundamental philosophical questions will serve as starting points for reflection and debate.

Dialogues is a series of interactive performances in which each viewer is involved in a philosophical discussion consisting of adapted texts by Plato and actorly improvisation, meaning that the way the performance goes depends on the audience’s involvement. Each new performance is a separate chapter dealing with a specific philosophical problem, so you can join the series at any stage. The first episode deals with the concept of justice.

Noise Cabaret plans to invite Petersburg celebrities to enrich the conversation with the audience with their own opinions and views.

Khudyakov shared the idea behind the project.

“We wanted to do a story related to people talking in a bar. But just people talking to each other is not interesting. There has to be a big focus. When I studied Plato, I was interested in several aspects of his philosophy. It would have been wrong to limit ourselves to a single topic. So the idea to make a series arose: take Plato, read him, and discuss the themes he raises in the Socratic dialogues.

“We plan to produce a new episode every two or three months. There’s no pretense here that we’re serious scholars of Plato’s philosophy: it’s more of an excuse to talk to people about difficult topics, to air the Dialogues and reflect on them. And a bar is a place where you can talk about all sorts of things, including philosophy.”

Source: Fontanka.ru, 23 December 2024. Translated by the Russian Reader


Russians spent almost 6 billion rubles on Ozempic generics in 2024

Semaglutide-based drugs are commonly used for weight loss

In the first ten months of 2024, Russians spent 5.9 billion rubles [approx. 52 billion euros] on over one million packs of generic versions of the drug Ozempic (semaglutide), according to DSM Group, as reported by Vedomosti.

Among the most popular generics are Geropharm’s Semavic and Promomed’s Quincenta. The original drug Ozempic stopped [sic] official supplies to Russia in December 2023, opening the market to domestic analogues.

2024 was a record year for drugs in this category. By comparison, in 2023, Russians spent only 297 million rubles on Ozempic, buying 20 thousand packs. In 2022, they spent 1.9 billion rubles (256 thousand packs); in 2021, 758 million rubles; and in 2020, 76 million rubles.

Semaglutide-based drugs are used to treat diabetes but have recently been gaining popularity as weight loss drugs, which has also contributed to their sales growth in Russia.

Source: ASTV.ru, 21 December 2024. Translated by the Russian Reader


St. Petersburg will open a new metro station this week, Governor Alexander Beglov announced Thursday, marking the former Tsarist capital’s first new metro station in five years.

The Gorny Institute metro station, located on Vasilievsky Island, will extend the fourth (or “orange”) line westward. It will begin operations at 9:00 a.m. on Friday, with its vestibule open for both entry and exit, Beglov said.

“The opening of Gorny Institute is a milestone,” the governor wrote on Telegram, noting that the city had overcome “significant challenges” during the station’s construction.

Beglov thanked President Vladimir Putin, metro builders, engineers and residents of St. Petersburg for their patience and support, calling the station’s completion the “first results” of sustained efforts to advance the city’s metro system.

The station’s opening comes after years of delays. Initially scheduled for completion in 2015, its opening was postponed to 2018 and later to 2022. Construction efforts were further overshadowed by a fatal scaffolding collapse in June 2020 that killed one worker and injured another.

Gorny Institute is the first station to open since 2019, when three others — Prospect Slavy, Dunayskaya, and Shushary — were inaugurated.

St. Petersburg’s metro is currently made up of five lines and 72 stations. However, it has expanded slowly over the years, in stark contrast to Moscow’s burgeoning metro system, which this year opened eight new stations.

Source: Moscow Times, 26 December 2024


[…]

In trying to grasp the tonality of the film [Anora], I am reminded of a line from Francis Bacon: “You can be optimistic and totally without hope.” The situation the characters find themselves in, being at the mercy of the rich, is totally without hope. The “hopeful” version of the script would be one in which Vanya does stand up to his parents and runs off with Ani, even at the price of losing his wealth—this is the film’s narrative lure. Or maybe another where the ruthless capitalist mother gains a grudging respect for her tough daughter-in-law, like in the last season of Fargo. But despite its grim closure, the impression the film gives is far from dreary or pessimistic. The hopeless optimism of Baker’s cinema lies in the sheer life that seems to almost burst out of the filmic frame, and, especially, his deep care for his characters, even Vanya.

Source: Aaron Schuster, “The Ethical Dignity of Anora,” e-flux Notes, 20 November 2024


In the fall of 2023, with the goal of understanding what is really happening with Russian society during wartime, the Public Sociology Laboratory team went on ethnographic research trips to three Russian regions—Sverdlovsk, Krasnodar and Buryatia. Over the course of a month, PS Lab researchers observed how people talk about the war and how it affects daily life in cities and villages. In addition, they recorded sociological interviews with local residents. PS Lab has compiled three detailed ethnographic observation diaries (more than 100,000 words apiece) and conducted 75 in-depth interviews. Overall, it has managed to collect truly unique data that provides an idea of what people say and think about the war in everyday situations, and not only when answering researchers’ questions.

The full text of the report is book-length and written in a book-style format: it consists of seven chapters, introduces many characters, and allows readers to be fully immersed in contemporary wartime Russia. The following summary, meanwhile, highlights the main analytical conclusions.

  • Russian society remains politically demobilized and deideologized. Despite the prevailing opinion that it is strictly militarized, we see that the war has become routine and therefore a disregarded part of reality. For example, compared to the first years of the war, the amount of prowar symbolism in public spaces has decreased in all three regions. The war has neither become a source of new ideas in the cultural life of cities or villages nor been integrated into familiar and already-established cultural formats. The war is not discussed in public places, including, with rare exceptions, local online communities.
  • In spontaneous conversations, Russians rarely discuss the overall goals and causes, criminality, or justifications of the war. They are concerned with the impact of the war on their everyday lives. When they talk about the war, they mostly talk about the same things they discussed before the war, for example, everyday difficulties, money, or ethics. Men more often discuss topics that are considered “masculine” in society, such as the technical side of the war, and women usually talk about “feminine” topics, such as how war destroys families.
  • Participation in various types of prowar volunteering and organized assistance for the military, which are often cited as an example of the mobilization and militarization of Russian society, is rarely motivated by people’s firm support for the “special operation.” It is usually associated with pressure from the administration, community moral norms (concerning mutual assistance), and/ora desire to help loved ones, rather than a wish to make victory for Russia more likely. Observation of volunteers’ activities show that while working, they do not discuss the war or politics, rather choosing topics that are personable and relatable to them: prices, pensions, families, and/or stories related to the volunteer centers.
  • Despite all these similarities, the war is perceived slightly differently in different regions. The peculiarities of each region’s view owe to factors like the number of military units and penal colonies from which prisoners are recruited, proximity to the combat zone, the prosperity of the region and the availability of decent jobs, the density of social ties, the circulation of news transmitted by friends on the front lines, etc. In other words, the differences in perceptions of the war are attributable mainly to the peculiarities of life in the regions before the invasion of Ukraine.
  • The conflict between opponents and supporters of the war is gradually subsiding, while the rift between those who stayed in Russia and those who left is growing. This is happening both because the shared experience of living through a difficult situation within the country is becoming more important for many Russians than any differences in viewpoint, and also because people are discussing the war less.
  • At the same time, the waning conflict between opponents and supporters of the war does not always mean more social cohesion. Since people are trying to live as if the war is nonexistent and the government does not talk about any losses or problems associated with the war, all negative consequences of the war are either normalized or pushed into the realm of “personal problems” that are not discussed with anyone and that everyone must deal with on their own.
  • Overall, many people do not feel able to influence political decisions. Therefore, they are increasingly distancing themselves from the war. They understand that they cannot change government policy, but they retain at least some control over their private lives—and therefore they are immersed in them. Over time, not only apolitical Russians but even sure opponents of the invasion experience this powerlessness and, as a result, some of them accept the new reality while continuing to condemn the war internally.
  • Consequently, many Russians are increasingly distrustful of political news from a broad range of sources. Instead, they put their trust in local media. Local problems and news seem much more important and relevant to them. Moreover, they feel that, unlike the war, local issues are at least sometimes within their ability to influence.
  • At the same time, the war is weighing people’s emotional state. Many of our interlocutors admit that they experience anxiety, tension, uncertainty, fear, even if these things are not usually spoken about openly. The departure of sons and husbands to war makes women “scream at the top of their lungs.” However, people rarely share such emotions with others, and if they do, they do so in groups with close friends.
  • Many Russians who are not interested in politics may justify or condemn the war depending on the communicative context.
  1. They tend to non-emotionally justify the war through normalization (“there are always wars”) or rationalization (“it was necessary”) when asked about it directly in more formalized settings, such as research interviews.
  2. They are more likely to criticize the war when prompted to think about how it negatively affects them as ordinary Russians. This criticism differs from that of war opponents. For opponents, the war is a moral crime against Ukraine, whereas for apolitical Russians, the war is seen as something that destroys Russian society and harms ordinary people. However, this criticism does not lead apolitical Russians to question the war’s necessity or inevitability, nor does it extend to criticizing the Russian government.
  3. They tend to emotionally justify the war when confronted with traditional anti-war narratives. When Russia is accused of committing moral crimes against the Ukrainian people, they often take such accusations personally and attempt to defend their own dignity.
  • Some people have experienced a strengthened sense of national identity, and sometimes a demand for greater solidarity arises. It’s important to note that this increased sense of national identity does not lead Russians to adopt the official imperial brand of nationalism. Unlike the Kremlin, ordinary people live in a world of nation states, not in a world of imperial fantasies (according to which Ukraine is not a real state and Ukrainians are an inferior people).
  • A feeling of uncertainty is what truly unites Russians today. Despite the fact that people choose various strategies to cope with this feeling, it still significantly complicates the ability to plan one’s life and plunges Russians into pessimism.

Thus, on the one hand, the formerly extraordinary nature of the war is giving way to normalization: the war is gradually becoming something ordinary, another unremarkable part of the surrounding world. In a sense, many Russians resist both the Kremlin’s attempts to turn ordinary citizens into ideological supporters and the attempts of the anti-war liberal opposition to force society to actively experience guilt and fight. On the other hand, the war constantly reminds us of its existence, creating new threats, new anxieties, and new reasons for discontent in Russians.

Source: Public Sociology Laboratory (The Russia Program), December 2024


Dear readers!
Times are tough, and the key in this case is holding on in every sense.
No one says it’s easy.
But it’s not so hard either.
The other day I asked Vladimir Putin whether he expected anything more from himself in the outgoing year.
But I want to ask you: do you expect anything more from yourself in the coming year?
We need to expect things. We need to want things. It’s a way of holding on to ourselves. Of looking after ourselves. Of not losing ourselves. And even of finding ourselves.
A hard sign (“Ъ”) will never be a soft sign (“Ь”)!
Happy incoming New Year!
Let’s not be on the defensive!

Andrei Kolesnikov, Special Correspondent, Kommersant Publishing House

Source: Email from Kommersant, 31 December 2024. Translated by the Russian Reader. The so-called hard sign, which the Bolsheviks dropped from the Russian Cyrillic alphabet in 1918, has been the logo of Kommersant since the newspaper’s relaunch in January 1990. Andrei Kolesnikov has been the newspaper’s special Kremlin correspondent — that is, its chief Putinversteher — for many years. Of course he’ll deny it all when push comes to shove and Putin goes, and he’ll point of course to the cynical, jocular (but ultimately loyal) way he’s written about the Russian dictator and war criminal all these years.